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9.1.12

Carmen Chacón y el pack aristotélico



Por Ramón Maceiras López
Después de haber pasado media vida leyendo, analizando y practicando todo lo que merece la pena leer, analizar y poner en práctica sobre el arte de la palabra en occidente -desde Sócrates hasta hoy- , he condensado todo ese saber milenario en lo que yo llamo el “pack aristotélico”. Aunque incursioné también en la retórica oriental -que más que dice, sugiere, y procura que la mente vuele y se “ilumine”-, la experiencia me ha convencido de que este occidente consumista, individualista y materialista es, de momento, refractario a tales sutilezas del espíritu. No obstante, en los tiempos de cambio que vivimos nunca se puede decir “de esta agua no beberé”.

El “pack aristotélico” es contundente por su sencillez, elegancia, profundidad y sentido práctico. Cuando se maneja con destreza, permite sacar conclusiones inmediatas sobre la estrategia, posibilidades, calidad y perspectiva de cualquier orador, sea cual sea la actividad a la que dedique el arte de la palabra. Hoy lo uso con visión transdisciplinaria. La retórica es hoy mucho más que el arte de la palabra.

En su Retórica, Aristóteles recoge las enseñanza de Sócrates, esparcidas magistralmente en los Diálogos, de Platón, y resume todo el problema en tres conceptos: ethos, pathos, logos. En un libro de próxima aparición me explayo largamente sobre el asunto. Sin embargo, en esta nota lo explicaré en términos actuales: credibilidad, puesta en escena y argumentos son hoy el equivalente de ethos, pathos, logos. A esa conclusión he llegado después de más de 1.500 horas como instructor de cursos de oratoria en varios países y luego de haber formado a políticos, empresarios, vendedores, sindicalistas y coachs, en las dos riberas del Atlántico.

Leyendo sobre la señora Carmen Chacón, quien viene de lanzar su candidatura a la secretaría general de PSOE, una deformación profesional me llevó inmediatamente al “pack aristotélico”, primer filtro -aunque no el único- que utilizo para calibrar cualquier tipo de marketing, en este caso, electoral.

Ver, escuchar y sentir -percibir, en fin-, son los otros filtros. Pero de eso hablaremos en otra nota. El ethos trata de quién eres tú, tus características, tu experiencia, experticia y atributos y, sobre todo, trata de cómo te perciben los demás. El pathos nos dirige a los elementos dramáticos que te rodean, tu puesta en escena, tu expresión corporal o no verbal, al uso del espacio y al contexto global. El logos es simplemente y llanamente tu argumentario, tus razones. Los tres elementos son uno. Los tres están relacionados. Son los tres pilares de un mix de marketing, electoral en este caso.

En el caso de la señora Chacón, descubrí rápidamente que ha puesto el acento en el pathos. Ya que en el argumentario -el logos- poco la diferencia del señor Rubalcaba. Los dos se han empeñado después de la debacle electoral del PSOE el 20-N en convencer a tirios y troyanos de que ellos son muy de izquierda y que tenían serias diferencias con el presidente Zapatero en la conducción de la crisis económica. En esa materia el señor Rubalcaba lleva ventaja. Tuvo toda una campaña electoral para intentar -eso sí, inútilmente- distanciarse del pasado gobierno. La señora Chacón nos filtra ahora, por boca de periodistas amigos, que tuvo profundas diferencias con la vicepresidenta económica, la señora Salgado, y nos dice que atosigaba al antiguo inquilino de La Moncloa con escritos en los que expresaba sus posiciones disidentes en política económica.

En cuanto al ethos, la señora Chacón exhibe su condición de mujer, su feminismo y su juventud. Y alude a una vaga, lejana y, probablemente difusa, relación de mentoría (“la niña de Felipe”) por parte del mítico Felipe González, todo un icono para los socialistas españoles. En esto último, sólo intenta igualarse con Rubalcaba, ya que para nadie es un secreto la estrecha relación entre este último con el ex presidente González. Por razones obvias, la señora Chacón no puede llevar la disputa a un cuerpo a cuerpo en el terreno del ethos con Rubalcaba. Y por eso se centra en los aspectos que puede destacar: juventud y atractivo, feminismo y un difuso aire renovador.

En el cálculo previo, la señora Chacón ha analizado muy bien que sus posibilidades en la contienda pasan hoy por centrarse en la puesta en escena, en el pathos. Uso del espacio (Andalucía, lugar de su infancia y hogar de su abuela); identidad española y multicultural (se quita de encima de una tacada el estigma de ser muy catalana, al exhibir sus orígenes andaluces y aragoneses y rompe uno de los argumentos en su contra de Rubalcaba); exhibición de su personalidad emotiva, histriónica, frente a la sobriedad profesoral de Rubalcaba; verbo inflamado, tono exultante, voz quebrada en estudiados momentos emotivos. Es este el único terreno en el que le lleva ventaja a Rubalcaba. Aunque también hay que decir que esa puesta en escena, aunque funciona muy bien en la efervescente Andalucía, puede ser contraproducente en las otras Españas, donde como la señora Chacón dice muy bien, se habla y se siente con “otros acentos”.

Por su parte, el señor Rubalcaba ha escogido dar la batalla en el terreno del ethos. Toda su campaña se basa en su persona, sus atributos, su experiencia, etc. Lo hizo también en la campaña electoral contra Rajoy y perdió. A eso se le llama personalizar la campaña. Ya analizamos esto en otra nota en este blog. Sin embargo, en la batalla interna del PSOE esa estrategia puede ser más efectiva.

Podría tirar más del hilo. Pero considero que esta breve exposición da una idea clara del potencial analítico y práctico que tiene el “pack aristotélico”. En el curso de oratoria que impartiremos en Zaragoza -de la mano de Aracoach- en el próximo mes de febrero, profundizaremos en esta eficaz y sencilla herramienta de trabajo. También comienza el cambio en la teoría y la práctica de los cursos de oratoria en España.



15.11.11

La hora de los gobiernos "fuertes"


Por Ramón Maceiras López
Entendemos por "fuerte" un gobierno que obtenga un gran respaldo popular en las urnas. Que obtenga un mandato claro de los ciudadanos para afrontar la crisis. En segundo lugar, ese gobierno "fuerte" tiene que formular un Plan de Gobierno inmediato, pragmático y con mucha cintura táctica. No es la hora de las recetas ideológicas. Tanto los modelos keynesianos como liberales a ultranza han sido superados por esta crisis que no se parece a ninguna otra en el pasado. Tercero, ese gobierno "fuerte" necesita tener una gran sensibilidad social. Mirar menos a los bancos y las finanzas y más a la política, más hacia las necesidades de los ciudadanos. Y cuarto, un gobierno "fuerte" tiene que hablarle con la verdad a los ciudadanos y ponerse al frente del proceso de gestión de los cambios colectivos e individuales que necesitamos para salir de esta crisis. 

¿Y todo esto para qué? La misión es salir de la crisis. El esfuerzo es individual y colectivo. No esperamos a un Mesías que resuelva los problemas y abra el grifo del maná. Necesitamos un liderazgo que oriente el camino y abra juego para que la sociedad actúe y se labre su propio destino. El futuro está abierto.

Esas cuatro características: amplio respaldo popular; pragmatismo, acción rápida y flexibilidad táctica; sensibilidad social,  y voz clara y liderazgo para gestionar el cambio, son imprescindibles hoy para poder enfrentar las maniobras de eso que llaman los mercados, el dictak del dúo Merkozy y la inercia social. En definitiva, eso se llama "hacer política" en el sentido clásico del término. Soy de la opinión de que para salir de esta crisis la economía debe subordinarse a la política. Los gobiernos tienen mecanismos políticos para hacer que la economía entre en cintura. Han sido muchos años de abandono de responsabilidades por parte de la política lo que ha conducido al desmadre de hoy en la vida económica. Los técnicos tienen que ser dirigidos por la política. Los gobiernos tecnocráticos durarán poco. Los economistas y muchos técnicos de otras disciplinas son expertos en explicarnos en medio de la crisis por qué no funcionaron sus magníficos modelos de papel. El abordaje de problemas complejos exige hoy visiones transdisciplinarias.

Tengo la percepción de que los ciudadanos han entendido esto, por lo menos en lo esencial. Y percibo también que los ciudadanos ya no concederán la famosa "luna de miel". No habrá cien días. A lo mejor no habrá ni cien horas. Esta crisis ya ha arrasado a cinco gobiernos europeos. Los respaldos masivos se pierden rápidamente y abren paso a la inestabilidad política y a la dictadura de los mercados.

Finalizamos advirtiendo contra los "enjuagues" políticos. Se ha tratado de introducir el contrabando de los presuntos gobiernos de "concentración", "unidad" y demás trapisondas. El intercambio de cromos ya no será soportado por los ciudadanos. Que funcione la democracia. En muchos países europeos, y España no es la excepción, una buena parte de la oposición está hoy en la calle y fuera de unos parlamentos que no representan a las grandes mayorías...El que no entienda esto perderá rápidamente el apoyo popular. En la calle hay ya muchos líderes que están emprendiendo el cambio en sus respectivos ámbitos de acción y no esperan por nadie.

La tarea de gestionar el cambio es gigantesca. La política tiene que volver a dirigir la vida social y económica. No esperamos milagros. Queremos que empiece el cambio de verdad.

10.11.11

Llegó la hora de hablar claro

Es hora de hablar claro. Muchos de los más de cinco millones de parados que hay en España tienen un porvenir laboral difícil en los próximos cinco años. La recuperación del empleo llevará su tiempo. Con el déficit actual del Estado, las administraciones públicas no podrán absorber nunca esa mano de obra y tendrán incluso que reajustar sus plantillas a la baja. El sector privado tardará en recuperarse de la escabechina que ha sufrido en los últimos años.

Es obvio que los servicios sociales tendrán que encargarse de aliviar la carga de muchas familias de parados en los próximos tiempos. Esos presupuestos no pueden ajustarse. Al igual que los de salud y educación. Pero es casi una obviedad decirle a los jóvenes y a los parados de más de 45 años que el sueño de ser funcionario, con trabajo fijo y jubilación segura se ha esfumado. La emigración tampoco es la salida. Me parece criminal la campaña que desde algunos sectores se ha desplegado para invitar a los jóvenes a que emigren. ¿A dónde emigrar en un mundo en crisis? ¿Por qué hacerlo más difícil alejándose de la familia en estos momentos tan duros? ¿Por qué renunciar a desarrollar tu vida en tu propio país y rodeado de los tuyos? ¿Es que vamos a repetir la trágica experiencia española de la emigración durante el siglo XX? Como hijo de emigrantes maldigo desde aquí a los que incitan a la juventud a que se marche.

Lo que esperamos del nuevo gobierno que se implantará en España es que cambie el marco para que la actividad emprendedora se pueda desenvolver con una regular posibilidad de éxito. Esperamos que el nuevo gobierno deje de vampirizar la liquidez de bancos y cajas financiando su déficit y canalice una parte de esos recursos hacia la iniciativa emprendedora y a sostener los servicios sociales en esta etapa de urgencia. Esperamos que los fondos de formación se dirijan a dotar a esos emprendedores de las nuevas capacidades que necesitan para desarrollar con las herramientas adecuadas su actividad y se acaben las corruptelas y el clientelismo en esa área clave.

Y todos tenemos que reajustar nuestras expectativas. La creatividad, el esfuerzo y la iniciativa son las claves para salir de la crisis. Junto a la solidaridad y el apoyo de las administraciones públicas. Tardará tiempo y será duro. Lo individual y lo colectivo tendrán que engarzarse y multiplicar los resultados. No es tiempo del ¡sálvese quien pueda! o la lucha corporativa para mantener los privilegios. Me gustaría escuchar en la campaña electoral  un mensaje más claro, menos demágogico y más motivador. Lo que necesitamos oír son planes de gobierno concretos, no proclamas ideológicas o programáticas para mantener clientes electorales.

Los potenciales emprendedores deben prepararse, adquirir las herramientas adecuadas, apoyarse en las asesorías que hoy existen para llevar su propuesta por buen camino. Hay que aprender cosas nuevas y dejar de llorar. Como le decía Churchill al pueblo británico en su famosa alocución de 1940: sólo puedo prometer  sudor, lágrimas y sangre...El resto es pura demagogia barata.

7.11.11

El diktat del dúo Merkozy


El dúo Merkozy (Merkel y Sarkozy) ya se ha cargado a cuatro gobiernos europeos. Los primeros ministros de Irlanda, Portugal, Grecia y España han tenido que convocar elecciones anticipadas y perderlas para satisfacer los planes de ajuste que se imponen desde Berlín y París. Ahora van por Berlusconi. Dictan cátedra, deciden quién lo hace bien y quién lo hace mal, le leen la cartilla a tododiós, y todo por mantener los beneficios de los bancos alemanes y franceses, que se dedicaron a hacer negocios suculentos con los papeles de deuda de los gobiernos europeos cuando los tiempos iban mejor. Cómo ya sabemos los que tenemos alguna edad, los bancos te ofrecen el paraguas cuando hace sol, y te lo quitan cuando llueve.

Finanzas y política cogidas de la mano como nunca. El único que se atrevió fue Papandreu, pero no tuvo el coraje para llevar a cabo el referéndum. Ahora ha sido apartado del gobierno. Sin embargo, quedó claro que el dúo Merkozy le teme a la opinión popular.

Yo nos los elegí. Ni tampoco a la burocracia europea que decide el futuro de cientos de millones de personas en reuniones donde los lobbys de presión cuidan sus intereses, con políticos predispuestos a la "mordida".

Desde este humilde blog, le pregunto a D.Mariano Rajoy, presidente de Gobierno in pectore, si el abrumador voto de respaldo que obtendrá en las urnas el 20-N servirá para frenar las apetencias del dúo Merkozy, o si tendré que mudarme para Berlín o París, hacerme ciudadano de uno de esos países, y votar por los que verdaderamente mandan en Europa.

Los más irónico del caso es que ni la señora Merkel ni el señor Sarkozy tienen seguro que se mantendrán en sus puestos de mando ante los procesos electorales que se avecinan en sus países.

2.11.11

¿Soy demasiado optimista, señor Rajoy?


El uso de la palabra "cambio" y el concepto que implica ha estado vinculado a verdaderas transformaciones en la sociedad española y en un entorno de crisis económica e incertidumbre política y social. En el momento actual, el cambio no se puede limitar sólo a la movilización electoral de los ciudadanos. En el fondo, el llamado apunta a un cambio crucial en cuanto a los paradigmas, usos y costumbres de la sociedad española.

Desde aquél slogan "Por el cambio", utilizado por Felipe González en la campaña de 1982, hasta el actual "Empieza el cambio", "Súmate al cambio" de Mariano Rajoy, el concepto ha sido utilizado reiteradamente en la política española. El mismo Zapatero lo usó al hacerse con la secretaría general del PSOE en 2002: el "cambio tranquilo". Y Aznar lo utilizó también para ganar las elecciones en 1996. CiU lo manejó en noviembre del 2010 en Cataluña: "Comença el canvi".

No basta en este caso con introducir la papeleta electoral el 20-N. La movilización social exige de los ciudadanos un esfuerzo colectivo que implica reactivar la energía emprendedora, erradicar la pasividad social expresada en esperar que el maná baje de las arcas del Estado para sostener un "estado del bienestar" mal entendido, y extirpar el cáncer que implican las distintas castas de privilegiados que medran a la sombra de los presupuestos públicos.

Reactivar el espíritu emprendedor tardará por lo menos una generación. La idea del empleo público para toda la vida, la jubilación anticipada y el apego al "dolce far niente", alimentan los sueños de una mayoría de jóvenes. El crédito barato para consumir toda clase de cachivaches innecesarios, pagar pantagruélicas comilonas para bodas, bautizos y similares, financiar vacaciones de lujo en exóticos parajes, engordar activos inmobiliarios...Eso ya se acabó.

Vienen años duros. En el fondo tengo la impresión de que una buena parte de la ciudadanía entiende esto. Aunque se les escapa la verdadera dimensión de la crisis. Otros no se quieren enterar porque esperan una suerte de milagro. Y otros, por último, sí conocen muy bien la gravedad de la situación pero luchan con uñas y dientes para salvaguardar los privilegios que disfrutan.

Deespués del 20-N vendrá lo importante: gestionar el cambio. Un cambio colectivo de creencias y actitudes es una tarea sumamente compleja. Los tiempos de la política son muy cortos para completar tal hazaña. Las resistencias al cambio no se harán esperar. Ya las vemos por todas partes.

Sin embargo, la crisis puede servir de acicate. Soy de los que piensan que es posible. El cambio colectivo empieza por las personas individuales. Espero que la campaña electoral arroje luz sobre los cambios de creencias y actitudes necesarios para salir de la crisis.

¿Soy demasiado optimista, señor Rajoy?

3.10.11

Por qué no puede ganar Rubalcaba el 20-N





Como profesional de la consultoría en comunicación y el marketing político no puedo más que manifestar mi perplejidad por los errores de bulto y de libro que el equipo de campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba está cometiendo en esta insólita y especialísima contienda electoral. Definir con precisión los objetivos de la campaña, definir los temas y el estilo, perfilar el papel del candidato y conocer lo que se juega en las elecciones (conocer la elección) son los asuntos esenciales que definen el éxito o el fracaso de una campaña electoral. En todos estos ítems cruciales -y otros más que no menciono- el equipo de Rubalcaba se equivoca estrepitosamente.


Escuché con estupor al ex presidente Felipe González afirmar este pasado fin de semana en la Conferencia Política del PSOE que aún “podemos ganar el 20-N”. A continuación, el propio candidato matizó un tanto la frase al decir que “no me voy a dejar ganar”. Pero el caso es que tomando en cuenta el auditorio (integrado por los principales cuadros políticos del PSOE) y las características de la reunión ( una Conferencia Política para definir programas y articular la táctica y organización de la campaña) escuchar semejante “boutade” me llenó de asombro. No se trataba de una arenga aleccionadora en un mitín de campaña, azuzada por esta extraña canícula de octubre. De ser este el caso, no le daría mayor importancia. Pero no, se trataba de expresar seriamente que es posible ganar las elecciones, planteando como objetivo de campaña tal despropósito. Flaco favor le hacen a la moral de combate de los socialistas tales manifestaciones.

A este error de bulto se suman -y probablemente sean consecuencia del primero- la táctica de personalizar la campaña en la figura de Rubalcaba, y colocar al candidato como portavoz de las propuestas económicas cuando ni su perfil ni su trayectoria política le dan entidad ni credibilidad para tal encomienda. Al mismo tiempo, el intento de “reempaque” de Rubalcaba desconcierta a un electorado que no reconoce al personaje en pantalones de vaquero, vestimenta informal y talante contemporizador y socrático, sobre un fondo azul cielo despejado y venturoso, que quiere vender el equipo de campaña. El intento de distanciar al candidato del gobierno del presidente Zapatero, del cual formó parte hasta julio de este año, no resulta creíble y, peor aún, es contraproducente. Como guinda, menciono que la insistencia en agitar como tema central de la campaña el fantasma del fin del estado del bienestar si gana el PP, revela que los estrategas del PSOE no aprendieron aún la lección de las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22-M.

Conocer la elección y definir el objetivo

Ambas cosas están íntimamente relacionadas en la teoría y la práctica del marketing político. Desde hace más o menos un año está claro para el que quiera verlo que lo que está por definirse el 20-N es la magnitud de la mayoría absoluta que obtendrá el PP. Si quedaba alguna duda de esto, los resultados del 22-M cuantificaron en qué medida está ya definida la intención del electorado de cambiar de gobierno, de políticas y de políticos, para reconducir la crisis por la que atraviesa España. La idea del cambio de gobierno se ha solidificado en la mente de los electores. Todos los datos demoscópicos coinciden abrumadoramente en que el paso del tiempo no ha hecho más que reducir el porcentaje de electores indecisos y aumentar la diferencia a favor del PP. El PSOE pierde votos por la izquierda, el centro abandona la papeleta socialista y la juventud no siente especial motivación por el voto al PSOE. Los antiguos graneros autonómicos de votos están exangües.

La particularidad de esta campaña, producida por la excepcionalidad de la situación por la que atraviesa España, estriba en que la polaridad izquierda-derecha no define la decisión de fondo del electorado. Las antiguas fidelidades ideológicas o de voto no funcionan ya como antes. Los conceptos de “voto duro”, marais, electores críticos, etc, tienen que ser usados en este momento con mucha flexibilidad para entender lo que está sucediendo. Salir de la crisis lo más pronto posible, dejar atrás las políticas de Zapatero, comenzar cuanto antes la recuperación de la economía, son las principales motivaciones de un electorado agotado ya por tantas promesas incumplidas, bandazos políticos e improvisaciones sobre la marcha, atemorizado ante el porvenir y ansioso por escuchar un Plan de Gobierno y visualizar un equipo competente para salir de la crisis. Rubalcaba y el PSOE responden a ello con un revival programático de corte socialdemócrata y un brindis al sol a la salud del estado del bienestar...Lo cual revela que no entienden lo que se juegan y lo que se juega en esta elección.

Ante semejante cuadro, plantearse como objetivo de campaña ganar las elecciones, indica un desnorte total de la dirección política del PSOE. Hasta julio de este año era posible -con una campaña bien enfocada- que el PSOE saliera de la contienda con unos resultados más o menos dignos. En este momento, el desastre electoral amenaza con convertirse en un cruda realidad. Los cantos de sirena de ciertos “gurús” del marketing político y de opulentos publicistas vendedores de detergentes amenazan con llevar al PSOE a los peores resultados electorales de su ya larga historia como partido.

El error de subestimar a Rajoy

El siguiente despropósito ha sido el de personalizar la elección en la figura de Rubalcaba. Asignarle por arte de magia una posición de liderazgo tanto en el partido como en la sociedad, que no tiene, convertirlo en paladín de la causa de la izquierda (en un momento en que tal concepto está seriamente desdibujado y fragmentado) y colocarlo como portavoz de políticas económicas que no sabe explicar y que tiene que matizar continuamente (cuando no es corregido abiertamente por otro dirigente del PSOE). El triste papelón que está protagonizando estriba en que su perfil político y su trayectoria histórica no encajan con el de un portavoz en materia económica. Y eso es un error de libro en el marketing político. Y para más inri, han aplicado a Rubalcaba un reempaque, envolviéndolo en celofán y poniéndole un lazito que desconcierta a unos electores que se han ido formando una idea de él a lo largo de treinta años de trayectoria política y que claman al cielo: ¡este no es mi Alfredo, me lo han cambiado! Desconfianza en el candidato y en su partido es el cruel resultado de semejante exabrupto.

Ciertos vendedores de detergentes que se han infiltrado en el arte y la ciencia del marketing político, siguen difundiendo la especie de que se puede fabricar un líder político y social de la noche a la mañana utilizando las técnicas del marketing para vender salchichas. Susurran la idea de que son poseedores de ciertos conocimientos y técnicas esotéricas que les permiten manipular a los electores e introducir en sus mentes cualquier tipo de concepto o actitud a gusto del cliente. Tal idea es sólo una leyenda urbana y suele ser desastrosa cuando se intenta aplicar en una campaña electoral.

Una de las claves del marketing político consiste en cruzar las virtudes del candidato con las preocupaciones fundamentales del electorado en una contienda determinada. En esta campaña la principal preocupación del electorado es la situación económica, ciencia ésta muy alejada de los conocimientos y experiencia práctica de Rubalcaba. El ethos, el perfil histórico de Rubalcaba, quien ya fue ministro de Felipe González y portavoz de su gobierno, jefe de bancada parlamentaria y ministro del Interior y portavoz del presidente Zapatero, es eminentemente político. Lo lógico hubiera sido centrar a Rubalcaba en lo político, campo en el que se mueve como pez en el agua, y atenuar sus deficiencias o sustituírlo en sus carencias.

La misma situación se presenta en el caso de Mariano Rajoy. Sin embargo, la dirección de campaña del PP ha puesto a su lado a líderes de opinión del campo económico, personalidades con trayectoria en esa área y lo ha limitado a ser portavoz de planes económicos elaborados por expertos y gente competente. El perfil de Rajoy es claramente político y se lo presenta desde hace tiempo como un presidenciable rodeado de gente competente en el área económica. Esa es una solución práctica y de libro. No se puede inventar un líder en políticas económicas en seis meses. Y mucho menos en la dos tardes de clínica económica que le iba a dar Jordi Sevilla al presidente Zapatero. Lo razonable es combinar lo conocido, concentrarse en los puntos fuertes y las virtudes del candidato y tratar de poner en segundo plano sus carencias o compensarlas.

Detrás de la táctica de personalizar la elección en la individualidad de Rubalcaba se encuentra la subestimación de la figura de Rajoy. La presunta falta de carisma de Rajoy, su perfil moderado y su mediana valoración como líder, ha distorsionado la visión de los estrategas del PSOE, quienes han creído que en un mano mano con Rajoy su candidato saldría ganador. Craso error. El PP no necesita personalizar la elección. Incluso, no le conviene. Cualquiera que se tome un café en España en un lugar público escuchará hablar de que va a ganar el PP. La idea de partido, de equipo, de estructura detrás del líder, más la inercia que ha generado a su favor la necesidad del cambio político, ha compensado en términos de campaña la falta de carisma que se le atribuye a Rajoy. Y por eso Rajoy trata a Rubalcaba con olímpico desprecio ante sus continuos retos públicos.

Last but not least

Pero el despropósito más patético de la campaña de Rubalcaba ha sido el intento de esconder al presidente Zapatero. Paradójicamente, mientras más lo ocultan, más notoria se hace su ausencia en la campaña. Entre otras cosas, porque se trata nada menos y nada más que del presidente de Gobierno del Reino de España, no de un oscuro dirigente político o un burócrata de segunda fila. Escapa a mi entendimiento la razón por la cual el presidente Zapatero ha aceptado semejante papelón. Sólo añado que tal estratagema no sólo es inútil, sino contraproducente. El candidato Rubalcaba no puede ocultar que ha sido ministro y portavoz del gobierno del presidente Zapatero durante casi dos legislaturas. Cualquier intento de desmarcarse de la gestión del actual gobierno tropieza y tropezará con la más dura piedra de lo obvio y lo evidente. Por no mencionar el daño que se le hace a la figura de la presidencia de Gobierno en un momento en que la política, los políticos y ciertas instituciones no gozan del mayor aprecio por parte de los ciudadanos.

Hay maneras elegantes, políticas, respetuosas y humanas de aminorar el impacto que la gestión del gobierno tiene sobre las posibilidades electorales de Rubalcaba, aunque esa gestión pese como una losa sobre las espaldas del candidato. La que se ha escogido hasta ahora es la peor. Asumo que fue otra idea brillante de los vendedores de detergentes que asesoran la campaña, dicho sea de paso con todos mis respetos para los fabricantes y comerciales de detergentes.

Finalizo diciendo que creo haber argumentado -aunque tendría más que decir- la contundente frase que titula este análisis: por todo lo dicho, sólo un milagro podría otorgarle el triunfo a Rubalcaba el próximo 20-N. El día señalado se despejarán las incógnitas.