14.5.07

Reconozca e integre su sombra (y II)





El conflicto surge debido a que, en principio, ignora el Yo si un impulso de la sombra es positivo o negativo. Este es uno de los problemas más conflictivos del proceso de individuación en esta primera fase del camino de la integración de los arquetipos y de la búsqueda del Sí-Mismo. "El reconocimiento de la sombra predispone a la modestia y hasta al temor a la esencia insondable del ser humano" (10). Con el reconocimiento de la sombra el individuo comienza, consecuentemente, a relacionarse con los demás de otra forma (11):

"Todavía hoy debemos tener sumo cuidado para no proyectar nuestra propia sombra de un modo harto vergonzoso, y estamos como inundados por ilusiones proyectadas. Al representarse a una persona suficientemente valiente como para desprenderse por entero de toda proyección se piensa en un individuo consciente de poseer una sombra considerable. Tal hombre se ha cargado de nuevos problemas y conflictos; se ha convertido en tarea seria para sí mismo, dado que no puede decir ya que son los otros quienes hacen tal o cual cosa, ni que son ellos los culpables, y que hay que combatirlos. Vive en la "casa del autoconocimiento”, de la concentración íntima. Sea cual fuera la cosa que ande mal en el mundo, este hombre sabe que igual ocurre también dentro de él mismo y si aprende solo a "componérselas" con su sombra habrá hecho en verdad algo para el mundo. Habrá logrado entonces dar respuesta a una ínfima parte, al menos, de los enormes problemas que se plantean en el presente, buena parte de los cuales oponen tantas dificultades en razón de hallarse como envenenados por las mutuas proyecciones. ¿Y podrá ver claramente quien no se ve a sí mismo ni aquellas oscuridades que, inconscientemente, está transfiriendo en todas sus acciones?

La cita es larga pero sustancial. Se precisa una decisión moral considerable para confrontarse, reconocerse, admitir e integrar a la sombra con el Yo. El mismo Jung advierte que "vivir consigo mismo requiere una serie de virtudes cristianas que cada uno debe aplicar a la propia persona, o sea, paciencia, amor, fe, esperanza y humildad" (12). La tolerancia es, pues, una virtud que primero debe aplicarse uno consigo mismo y después con los demás.

La sombra es difícil de contemplar directamente, aunque aparece constantemente en nuestra vida cotidiana. La psicoanalista inglesa Molly Tuby describe seis formas de descubrir la sombra personal en la vida cotidiana:

1.- En los sentimientos exagerados respecto de los demás. (“No puedo creer que hiciera tal cosa” “No comprendo cómo puede llevar esa ropa”)

2.- En el feedback negativo de quienes nos sirven de espejo (“Es la tercera vez que llegas tarde sin decírmelo”)

3.- En aquellas relaciones en las que provocamos de continuo el mismo efecto perturbador sobre diferentes personas. (“Sam y yo creemos que no has sido sincero con nosotros”)

4.- En las acciones impulsivas o inadvertidas (“No quería decir eso”)

5.- En aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados (“Me avergüenza su modo de tratarme”)

6.- En los enfados desproporcionados por los errores cometidos por los demás (“Nunca hace las cosas a su debido tiempo” “Realmente no controla para nada su peso”)

Nuestro ego se protege de la sombra haciéndola desaparecer cada vez que surgen en nuestra mente las fantasías agresivas, los pensamientos suicidas, la envidia, la cólera, y todas esas emociones y pensamientos negativos que podrían darnos mucha luz sobre los aspectos más oscuros de nuestra personalidad. Nuestra mente los niega y así no nos damos cuenta de que no nos damos cuenta.

La confrontación con nuestro lado oscuro puede ser postergada con cualquier excusa: distracciones, antidepresivos, trabajo extenuante.

Es bueno, entonces, seguir el consejo que dan Connie Zweig y Jeremiah Abrams en su libro La sombra y el lado oscuro de la vida cotidiana:

Encontrar a la sombra nos obliga a ralentizar el paso de nuestra vida, escuchar las evidencias que nos proporciona el cuerpo y concedernos el tiempo necesario para poder estar solos y digerir los crípticos mensajes del mundo subterráneo.
Del Trabajo con la sombra salimos más humildes, más conscientes de nuestros límites. “La sombra sólo resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención”, aconsejaba Jung.

Y trabajar creativamente con su sombra le descubrirá incluso capacidades ocultas:

1.- Aumentará el autoconocimiento y la aceptación de usted mismo.
2.- Le ayudará a encauzar creativamente las emociones y pensamientos negativos que le asaltan abruptamente en su vida cotidiana.
3.- Lo liberará de la culpa y la vergüenza producidos por sus sentimientos y acciones negativas.
4.- Reconocerá las proyecciones de su sombra personal que construyen su opinión de los demás.
5.- Sanará sus relaciones a través de la percepción sincera de usted mismo.
6.- Mejorará su comunicación con los demás, al dejar de juzgar y aceptar a los otros como son.


Desarrollará su creatividad si se dedica a escribir, pintar, mover su cuerpo, soñar.

El trabajo con la sombra le dirá lo que tiene que redimir y al mismo tiempo lo sacará del sufrimiento.

¡Alégrese! Si usted se toma en serio el trabajo con su sombra podrá vivir vivir según las dos grandes máximas de los antiguos griegos: Conócete a ti mismo y Nada en exceso.

NOTAS:

1.- VON FRANZ, Marie Louise, en el libro de Jung y otros autores, "El Hombre y sus Símbolos", Ed. Aguilar, Madrid, 2ª edición, pág. 168.

2.- Opus cit, pág. 169. Por tanto, como indica Jolande JACOBI ("La Psicología de C.G. Jung", Ed. Espasa y Calpe, Madrid, 1963, págs 168-169): "Uno puede encontrar su sombra sobre todo en las proyecciones erróneas o cuando afloran en nosotros peculiaridades que solemos reprimir y dominar, pero también en una figura exterior concreta. En el primer caso aparece en el material del inconsciente como una figura del sueño que representa, personificadas, una o varias peculiaridades psíquicas del que sueña; en el segundo es una persona del mundo en torno a la cual, por ciertas razones estructurales se centraliza, siendo portadora proyectiva de esa o esas peculiaridades ocultas en el inconsciente.

Es en nosotros mismos, precisamente, donde con mayor frecuencia y con mayor realidad percibimos las cualidades de la sombra, siempre que estemos dispuestos a reconocer que nos pertenecen; así, por ejemplo, cuando nos sobreviene una explosión de rabia; cuando bruscamente comenzamos a maldecir o a conducirnos groseramente; cuando, del todo en contra de nuestra voluntad, actuamos de un modo antisocial; cuando nos comportamos ruinmente, con mezquindad, o aparecemos coléricos, cobardes, frívolos o hipócritas: entonces desplegamos cualidades que en circunstancias ordinarias ocultamos o reprimimos cuidadosamente y cuya existencia nosotros mismos ignoramos".

3.- Opus cit, pág. 169.

4.- FORDHAM, Frieda: "Introducción a la Psicología de Jung", Ed. Morata, Madrid, 1968.
Quizás sea necesario insistir sobre los contenidos y particularidades de la sombra a fin de tener bien claro lo que se intenta expresar con este termino. Para ello recurriremos a diferentes definiciones diversas sobre la sombra:

A) "La sombra es la parte inferior de la personalidad. La suma de todas las disposiciones psiquicas personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente y se constituyen en una personalidad parcial relativamente autónoma en el inconsciente con tendencias antagónicas.
La sombra se comporta respecto a la consciencia como compensadora, su influencia, pues, puede ser tanto negativa como positivas La omisión y la supresión de la sombra, así como la identificación del Yo con ella, puede llevar a desdoblamientos peligrosos. Puesto que la sombra está próxima al mundo de los instintos es indispensable tenerla en cuenta constantemente"
( JUNG: "Recuerdos, sueños y pensamientos", Seix Barral, 1981, pág 419)

B) "La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza indirecta o indirectamente, así, por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables." ( JUNG, ibiden).

C) "Bajo el aspecto individual la sombra es para lo oscuro personal como la personificación de los contenidos de nuestra psique que a través de la vida no hemos admitido hemos arrojado o reprimido y que, en ciertas circunstancias pueden tener también un carácter positivo. Bajo el aspecto colectivo representan la parte oscura de lo colectivo-humano, la disposición estructural que yace en lo íntimo de todo ser humano para lo inferior y lo oscuro". (Jolande JACOBI, opus cit., pág 170).

5.- VON FRANZ, opus cit., pág. 172.

6.- JUNG, C.G.: "Recuerdos, Sueños...", opus cit., pág. 420.

7.- JAGOBI, Jolande, opus cit., pág 172.
La integración de la sombra supone , tal y como nos indicó el simbólogo junguiano Juan GARCIA FONT, en conversación privada, un "no tomarse demasiado en serio", lo que está unido al humor para consigo mismo. Hay que burlarse un poco de uno mismo y de lo que uno considera importante, pero ¡cuidado..! no hay que desvalorarlo: "Podemos estar hablando de cosas muy serias, pero estando al mismo tiempo en una actitud humorístíca. En la medida en que se establece un diálogo con la sombra se establece un primer grado de integración. Lo cual se traduce inmediatamente en el lenguaje. Hay un lenguaje de la sombra: el de la inspiración. Nosotros utilizamos en la comunicación una sintaxis convencional, social; mas sucede entonces que esta ordenación del discurso ahoga la sombra. Y como la sombra es el ser travieso, el ser que goza con el equívoco y que, en un momento, dado rompe la estructura establecida. Así, el poeta, al ser un distorsionador del lenguaje, destroza significados para alcanzar un superior sentido y ésto le permite dialogar con la sombra. Un ejemplo sencillo de este lenguaje de la sombra sería el siguiente: todos hemos oído ese refrán que dice"Tanto va el cantaro a la fuente que al final se rompe" pues bien, la sombra diría algo así: "Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se llena". Este humor que abre ventanas a la inspiracion es una forma de integrar a la sombra. Y de esta manera se vitaliza; el espíritu penetra en la palabra. Por ello, en la medida que la sombra penetra en el discurso y la activa, la carga de energía, y se produce un paso en la integración".

8.- VON FRANZ, opus cit., pág 175.

9.- VON FRANZ, opus cit., pág 177.

10.- JUNG, "Psicología de la Transferencia", Ed. Paidós, Buenos Aires, 4ª edición, 1978, pág 103.

11.- JUNG, "Psicología y Religión", Ed. Paidós, Barcelona, 1981, pág 135.

12.- JUNG, "Psicología de la Transferencia", opus cit., pág 170.

13.5.07

Reconozca e integre su sombra (I)




En el Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hide, el escritor Robert Louis Stevenson afloró lo que más tarde la psicología analítica de Jung revelaría como una parte sustancial del Yo de todas las personas: la sombra personal.

El Dr. Jekyll es un amable y esforzado científico que luego de tomar una pócima sufre un drástico cambio de personalidad que lo transforma en el violento y despiadado Mr. Hyde. Transformación que lo hace irreconocible y lo convierte en un ser cada vez más malvado.

Hoy sabemos que en el psiquismo de cada ser humano conviven el amable Jekyll y el malvado Hyde. La persona afable y, al mismo tiempo, el ser oculto y tenebroso que anida emociones y conductas reprochables: rabia, celos, vergüenza, mentira, resentimiento, lujuria, soberbia, tendencias asesinas y suicidas.

Esa sombra personal se desarrolla naturalmente desde la infancia. El ego y la sombra se van desarrollando simultáneamente. Por una parte, se afirman los rasgos ideales de nuestra personalidad, reforzados por el entorno que nos rodea. Al mismo tiempo enterramos en la sombra las emociones y conductas que chocan con esa imagen ideal.

Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el "ser inferior" que habita en nuestro interior. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. La sombra proyectada es la causante de la gran mayoría de los actos cotidianos en los que la intercomunicación es obstruida por "ruidos" psíquicos. Acusamos a los demás de defectos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocer como tales:

"Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egotismo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetito desordenado de dinero y posesiones..." (1).

La sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos (2):

"Antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente".
La sombra impulsa al ser humano al “contagio colectivo", a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa (3):

"Cuando un hombre está solo, por ejemplo, se siente relativamente bien; pero tan pronto como "los otros" hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar".
La represión que nuestra "función superior" (la función psicológica más imperante en nuestro Yo consciente de las cuatro posibles: intuir, pensar, sentir y percibir) y nuestra tipología psicológica (introvertido o extravertido) lleva a cabo con todo aquello que no se ajusta a ellas, origina un incremento de energía psíquica en la sombra, con lo cual ésta se torna más negativa.

La misión de ser humano es integrar a este "hermano oscuro" y dejar de creer que somos mejores que los demás, siendo conveniente no intentar reprimir totalmente la sombra.

Además la sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, faunos, etc.

Pero la sombra es algo consustancial al individuo, ya que la propia naturaleza del mundo implica que exista luz y exista oscuridad. La fuerza de la sombra no sólo actúa negativamente sino también positivamente (6):

"La sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber: instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc".
Por ello, la integración de la sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con la sombra supone tener "conciencia crítica despiadada del propio ser" (7):

"Que la sombra se convierta en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos... La sombra no es siempre, y necesariamente, un contrincante. De hecho es exactamente igual a cualquier ser humano con el cual tenemos que entendernos, a veces cediendo, a veces resistiendo, a veces mostrando amor, según lo requiera la situación. La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida " (8).

"Si la figura de la sombra contiene valiosas fuerzas, y fuerzas vitales, tienen que ser asimiladas a experiencias efectivas y no reprimidas. Corresponde al Yo renunciar a su orgullo y fatuidad y vivir conforme a algo que parece oscuro, pero que, en realidad, puede no serlo. Esto ha de requerir un sacrificio tan heroico como la conquista de la pasión pero en sentido opuesto" (9).


(continuará...)

8.1.07

Citas inspiradoras para el nuevo año




Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. La mente lo es todo. En lo que pensamos, nos convertimos.
Buddha
No conozco el secreto del éxito. Pero el secreto del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo.
Bill Cosby
Nada en este mundo puede sustituir a la persistencia. El talento no puede; nada es más común que los fracasados con talento. El genio no puede; los genios no reconocidos son moneda común. La educación no puede; el mundo está lleno de perdedores que recibieron la mejor educación. La persistencia y la determinación por si solos son omnipotentes.
Calvin Coolidge
No mido el éxito de un hombre por la altura que es capaz de subir, sino por lo alto que rebota cuando toca el fondo.
George S. Patton
Todos los hombres sueñan, pero no de la misma manera. Aquellos que sueñan de noche, en los oscuros recovecos de sus mentes, se despiertan por la mañana para descubrir que todo se ha desvanecido. Pero los soñadores de día son hombres peligrosos, porque actuan sobre sus sueños con los ojos abiertos para convertirlos en realidad.
T.E. Lawrence
Mantente alejado de las personas que quieran matar tus ambiciones. Las personas mediocres siempre hacen eso, pero los verdaderos triunfadores te harán sentir que tu también puedes conseguirlo.
Mark Twain
El liderazgo es una combinación potente de estrategia y carácter. Pero si tienes que quedarte sin uno de ellos, que sea sin la estrategia.
Norman Schwarzkopf

3.1.07

Propósitos de año nuevo




Por Ramón Maceiras López
Una vez superado el ciclo de consumismo exacerbado, almuerzos y cenas de empresas, intoxicaciones de todo tipo y reencuentros familiares a veces sin final feliz, que se suceden interminablemente en diciembre, es posible que nos podamos plantear en serio los propósitos del nuevo año.

Es triste ver cómo la sociedad actual le ha arrebatado al mes de diciembre -en el hemisferio norte- una buena parte del potencial de siembra y transformación que tuvo siglos atrás.
El invierno siempre fue época de siembra. Los sembradores elegían los mejores granos de la cosecha. Por analogía, es época de pensar en nuestros objetivos para el nuevo ciclo, conforme a la experiencia adquirida. Eso era lo que hacían hace siglos nuestros antepasados a partir de la entrada del invierno, con el solsticio del 21 y 22 de diciembre.

El sol se ha alejado del hemisferio y la tierra se prepara para trabajar interiormente. Los frutos de la cosecha anterior ya han sido recogidos. Es el momento de seleccionar los mejores frutos, obtener sus semillas y volver a sembrar. Hay frutos que abortaron, se pudrieron o no se desarrollaron bien. Estos se eliminan y se guardan los mejores.

Por analogía, es un momento para evaluar los objetivos logrados. De todo lo que te has propuesto, seguramente habrá metas que no se han conseguido todavía. Esto es simplemente un resultado, si aprendes de la experiencia. Es decir, si averiguas cuáles son las causas que han impedido hasta ahora su logro. Una vez determinados los obstáculos que lo han impedido, puedes elaborar un plan para superarlos y acercarte, de esta manera, a un éxito final.

Los obstáculos pueden ser de diversa índole. La mayoría seguramente están en ti mismo. No culpes a nadie de lo que te sucede. No culpes a los demás si no has logrado todavía determinadas metas. Tal vez no sea tiempo todavía, quizás tengas que desarrollar otros objetivos antes, tal vez tengas que vencer tus temores, o emplear más energía y voluntad para conseguirlos. A veces las metas son poco realistas y en ese caso deberás replantearlas para avanzar por etapas: una escalera se sube peldaño a peldaño, un elefante se come bocado a bocado.

Por supuesto, en el desaforado clima de consumismo que se vive en el diciembre occidental, apenas queda tiempo para sumergirnos en nosotros mismos, hacer balance de la cosecha del año y preparar la nueva siembra.

Este es el momento de tener fe y esperanza en que todo irá mejor si tenemos la actitud interior correcta, si amamos y si somos solidarios.

Es el momento de contar las bendiciones. Seguramente, ahí están los agravios y los problemas que hemos acumulado durante el año que finalizó. Y quizá son muy importantes. Pero estoy seguro de que hay también bendiciones en abundancia. Sólo se trata de que prestemos atención.

Por alguna extraña razón, en culturas muy distintas y en continentes separados por miles de kilómetros, los días finales de diciembre, aún en calendarios muy distintos al nuestro, han sido siempre un tiempo de festejos, de reflexión y de devoción.

El solsticio de diciembre, el día más corto del año en el hemisferio norte, representaba el inicio del invierno, con todos los rigores que éste tiene en muchos lugares. Desde hace siglos, quizá milenios, era importante reflexionar en estas fechas. Se trataba de una última fiesta antes de entrar a un periodo en el que muchos miembros de la comunidad podían fallecer por los rigores del invierno. Las familias debían permanecer encerradas en cuevas y aldeas durante meses, rodeadas de nieve y desolación. La caza se dificultaba, la recolección se volvía imposible. La supervivencia se fundamentaba en el alimento almacenado en el otoño, el cual muchas veces era insuficiente.

Detrás del reto que significaba el inicio del invierno había también, siempre, una esperanza. Desde la antigüedad se sabía que el solsticio traía consigo el día más corto y la noche más larga del año. Pero ese mismo hecho significaba también que lo peor había quedado atrás. A partir del 22 de diciembre, los días se harían cada vez más largos y las noches más cortas. Los festejos del solsticio, por lo tanto, traían también la esperanza.

Hay indicios sólidos de que los festejos del solsticio de invierno empezaron en la época de las cavernas. Antes del surgimiento de la escritura, ya los pueblos preindoeuropeos celebraban en estas fechas. 

Cinco siglos antes de Cristo, los persas llevaban a cabo el Yalda o Shab-e Cheleh, que marcaba el nacimiento del dios Mitra. Los antiguos chinos, festejaban el Dongzhi, festival en el que, dentro del concepto de equilibrios entre los principios del yin y el yang, marcaban el inicio del alargamiento de los días. Los paganos germanos y nórdicos, tenían el Yule, en que se honraba al dios del trueno, Thor. Los celtas y druidas celebraban también el 21 de diciembre el principio del invierno. 

Los antiguos romanos daban rienda suelta a sus pasiones y desenfrenos en la Saturnalia, que se extendía entre el 17 y el 23 de diciembre. Los judíos también se reunían --y se reúnen-- en el Hanukkah o Chanukkah (se pronuncia Jánuca) para agradecer el triunfo de la luz, la Torá, sobre las fuerzas oscuras de los paganos. Los aztecas festejaban la derrota de Tezcatlipoca, el dios de la oscuridad, a manos del dios del sol, Huitzilopochtli, quien a partir del solsticio, iría imponiendo la fuerza del día sobre el reino de la noche.

Los primeros cristianos no festejaban la Navidad. Para ellos el nacimiento de Jesús no era importante. Los momentos definitorios de la vida del Mesías eran su muerte y su resurrección, pero no su nacimiento. Durante siglos, no se llegó a un acuerdo sobre la posible fecha de nacimiento de Jesús. Con el tiempo se escogió el 25 de diciembre, cerca de la fiesta del solsticio de invierno, como una forma de aprovechar la popular celebración romana de la Saturnalia para los festejos de la nueva religión que empezaba a prevalecer en el Imperio Romano.

Muchas inquietudes o angustias decembrinas provienen de los vestigios en el inconsciente colectivo de ese miedo que agobiaba a las comunidades de hace miles de años ante la llegada del invierno. Siglos después, cuando la tecnología y la medicina nos protegen de los rigores del frío, aún nos damos cuenta de que es un momento de entender las adversidades pero también de contar nuestras bendiciones.

Año nuevo indígena





Para los pueblos indígenas, tales como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada del solsticio de invierno coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza luego de su retiro invernal.
Se trata del "Año Nuevo Étnico", que se denomina "machac mara" para los aimaras, "inti raymi" para los quechuas, "aringa ora" para los rapanui, y "we tripantú" para los mapuches.

La visión indígena se basa en que desde esa fecha (21 de junio, en el hemisferio sur)) el progresivo desplazamiento del Sol hacia el sur da inicio a un nuevo ciclo de vida, y de la relación armónica del hombre con la naturaleza, además de que comienza un nuevo ciclo astronómico y agrario.

El solsticio de invierno marca el nacimiento de un nuevo ciclo de la naturaleza, en el cual comienzan a brotar las semillas, cambia el pelaje de los animales y el hombre y la tierra renuevan sus energías y se purifican.

Por lo mismo, las comunidades indígenas realizan actividades que revalorizan dicha tradición, y festejan el momento en que el Sol, luego de haber alcanzado su máxima trayectoria de salida por el noreste, retorna con un mensaje lleno de vida.


  • El Año Nuevo Aymara o "Machac Mara", era antaño la festividad más importante de los pueblos andinos, realizada en ofrendas al “Tata Inti” en el Norte de Chile. Marca el término de un ciclo agrícola y el inicio de uno nuevo. En vigilia esperan la salida del Sol y agradecen y pagan a la madre Tierra por los bienes que provee.

  • El solsticio de invierno era ya celebrado por los pueblos andinos anteriores a los Incas. Estos llamaron a este día de fiesta "Inti Raymi", en el cual honraban al dios del sol Wiracocha. El Inti Raymi simboliza la unión eterna entre el sol y sus hijos, los seres humanos. Era el festival más importante del imperio Inca Tawantinsuyu, que basó su religión en el culto del sol. Los quechuas celebran el Inti Raymi.

  • El "Aringa ora" es la fiesta del año nuevo Rapa Nui. En ella se celebra el ciclo anual de la vida. Está relacionada con la fertilidad y la productividad. Actualmente se realiza la "Fiesta de Invierno" cada 21 de junio por iniciativa de Sernatur en Isla de Pascua (foto de arriba).

  • La celebración del "We Tripantu" (año nuevo Mapuche) tiene que ver con un nuevo ciclo en la naturaleza, que está determinado por la luna, la que a su vez determina el recorrido del sol. Los familiares se visitan y pueden compartir comidas, mote, sopaipillas, catutos y el infaltable muday (bebida de trigo o maíz), que acompaña a toda ceremonia y rogativa.

El invierno en China



Hace 2.500 años, en el periodo de Primavera y Otoño (770-476 a.C.), China había determinado el punto del solsticio de invierno observando los movimientos del sol con un reloj solar. Es el primero de los 24 puntos de división temporal. El día cae en el 22 o 23 de diciembre del calendario gregoriano.
El hemisferio norte en este día experimenta el día más corto y la noche más larga. Tras el solsticio de invierno, los días se vuelven más y más largos. Según un pensamiento chino antiguo, el yang, las cosas positivas se vuelven más abundantes pasado este día, por lo que debe celebrarse.

El Solsticio de Invierno se convirtió en una fiesta durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) y prosperó en las dinastías Tang y Song. Los Han consideraban el solsticio de invierno como la fiesta de invierno, por lo que los funcionarios organizaban fiestas. Tanto los funcionarios como la gente normal solían descansar durante este día. Las fronteras se cerraban y el comercio se paralizaba. Los familiares se regalaban manjares exquisitos. En las dinastías Tang y Song, el solsticio de Invierno era un día para ofrecer sacrificios al Cielo y a los antepasados. 

Los emperadores iban a las afueras a adorar el cielo mientras la gente común ofrecía sacrificios a sus padres muertos o a otros familiares. La dinastía Qing (1644-1911) incluso tiene un informe que explica que el solsticio de invierno es tan formal como la Fiesta de la Primavera, lo que muestra la gran importancia que se le da a este día.

En algunas partes del norte de China, la gente come sopa de ravioles durante este día, porque creen que les dará calor para el invierno. Pero en el sur de China, toda la familia come una comida hecha de judías rojas y arroz glutinoso para alejar a los fantasmas y otros seres malvados. 

Los ravioles del solsticio de invierno pueden usarse como ofrendas a los antepasados o como regalos a familiares y amigos. La gente de Taiwán mantiene la tradición de ofrecer pasteles de nueve capas a los antepasados. Los pasteles tienen forma de pollo, pato, tortuga, puerco, vaca, oveja y están hechos con harina de arroz glutinoso y cocinados al vapor en diferentes capas en una cazuela. Estos animales denotan buen augurio en la tradición china.

La gente del mismo apellido o los clanes familiares se reúnen en sus templos ancestrales para adorar a sus antepasados en orden de edad. Tras la ceremonia de ofrenda, se celebra un gran banquete.

El año nuevo celta





En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año (en la foto) está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.

En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.

Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.

Los antiguos celtas creían que el árbol representaba un poder, y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados servían como templo a los germanos.

Para los galos, la encina era un árbol sagrado sobre el que los druidas, sacerdotes celtas guardianes de las tradiciones, recogían el muérdago siguiendo un rito sagrado.

En la antigua Roma, en diciembre se celebraba la Saturnalia, en honor al reinado del dios Saturno sobre Roma en la Edad de Oro. En esa edad, la tierra en Roma producía abundantemente y no había guerras ni discordia.

Durante la Saturnalia se celebraban fiestas durante una semana entera, con comilonas y abundante bebida. A lo largo de esa semana se invertía el orden social: los amos servían a los esclavos, los esclavos se convertían en amos y desempeñaban altos cargos del estado.
Era tradicional intercambiarse regalos hechos en plata, aunque casi cualquier cosa podía servir de regalo para la ocasión.

La fiesta también era una celebración del fin de las tinieblas y el comienzo de un nuevo año. Aquí puedes ver un fragmento de las palabras que la sacerdotisa pronunciaba para el rito de la Saturnalia:

"Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre dará nuevamente a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea."

Finalmente, a lo largo de la Edad Media, esa fiesta se fue alargando en el tiempo hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos como Carnavales.