Mostrando entradas con la etiqueta yo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yo. Mostrar todas las entradas

8.3.23

Los ARQUETIPOS son claves en la búsqeda del sentido de la vida


Los arquetipos son patrones universales de la psique humana que se manifiestan en mitos, sueños y cuentos de hadas. Estos representan patrones, impulsos y tendencias universales que están presentes en todas las culturas y en todas las épocas. En la psicología analítica de Carl Jung, los arquetipos son considerados como las formas más básicas y universales de la experiencia humana, y juegan un papel clave en la búsqueda del sentido de la vida.

El término “arquetipo” tiene sus orígenes en la antigua Grecia. “arjé” significa “fuente” u “origen” y “tipos”, significa “modelos”. Se traduce como “modelo original”, es decir, un patrón único que es copiado o derivado hacia el resto de modelos.

Jung incorporó este “modelo único”a sus teorías psicológicas sobre el inconsciente colectivo. Así, los arquetipos son conceptos que forman parte de nuestra motivación más básica y a través de los cuales evolucionamos.

 El inconsciente colectivo contiene los distintos arquetipos. Como modelo explicativo indica que en lugar de nacer como tabula rasa (una «pizarra en blanco» en latín) y ser influenciado puramente por nuestro entorno, Jung propuso que todos nacemos con un inconsciente colectivo. Este inconsciente contiene un conjunto de recuerdos e ideas compartidas, con los que todos podemos identificarnos, independientemente de la cultura en la que nacimos o el período de tiempo en el que vivimos. No podemos comunicarnos a través del inconsciente colectivo, pero reconocemos algunas de las mismas ideas de manera innata, incluidos los arquetipos.

Muchas culturas han cultivado mitos similares independientemente unos de otros, que presentan personajes y temas similares, como cuentan las distintas mitologías sobre la creación del universo.

Para ayudar a los jóvenes a encontrar el sentido de su vida, es importante que comprendan los arquetipos y cómo se manifiestan en su propia vida. Esto se puede hacer mediante la exploración de sueños, fantasías, mitos y cuentos de hadas, y mediante el análisis de las emociones y experiencias que están asociados con ellos.

Por ejemplo, el arquetipo del héroe puede manifestarse en la búsqueda de un propósito o una misión en la vida, mientras que el arquetipo de la sombra puede manifestarse en la lucha interna entre lo que se percibe como bueno y malo, y en la necesidad de integrar los aspectos menos deseables de la personalidad.

Para trabajar con los arquetipos, es necesario un enfoque que se centre en la exploración de la psique profunda del individuo y que esté enraizado en la comprensión de los arquetipos y su relación con la vida cotidiana.

La integración de los arquetipos puede ser un proceso largo y a menudo difícil, ya que implica la exploración de aspectos oscuros ya veces dolorosos de la psique. Sin embargo, a través de la integración de los arquetipos, los jóvenes pueden encontrar un mayor sentido de propósito y significado en sus vidas, y pueden llegar a comprender que sus experiencias y luchas personales son parte de un patrón más grande y universal de la vida humana.

El término "arquetipo" se refiere a patrones universales de significado que se encuentran en el inconsciente colectivo de la humanidad. Estos arquetipos se manifiestan en los mitos, los sueños y las fantasías de las personas y pueden ser de gran ayuda para comprender el propósito y el sentido de la vida.

 LOS 12 ARQUETIPOS BÁSICOS

 A continuación, se describen los 12 arquetipos de la personalidad definidos por Jung y su importancia en el proceso de autodescubrimiento:

El Inocente: Este arquetipo representa la pureza, la ingenuidad y la fe en el mundo. Su meta es mantenerse seguro y feliz, mientras que su miedo es ser castigado por hacer algo mal. Su debilidad es la credulidad, mientras que su talento es la fe y la esperanza.

El Explorador: Este arquetipo representa la aventura, el deseo de explorar lo desconocido y de descubrir nuevos mundos. Su meta es encontrar su lugar en el mundo, mientras que su miedo es quedarse atrapado o estancado. Su debilidad es la falta de compromiso, mientras que su talento es la autonomía y la ambición.

El Sabio: Este arquetipo representa la sabiduría, el conocimiento y la experiencia. Su meta es encontrar la verdad y el significado de la vida, mientras que su miedo es la ignorancia y la estupidez. Su debilidad es la arrogancia, mientras que su talento es la sabiduría y la comprensión.

El Héroe: Este arquetipo representa el valor, la fuerza y ​​la determinación. Su meta es demostrar su valor y enfrentar cualquier desafío, mientras que su miedo es la cobardía y la debilidad. Su debilidad es la impulsividad, mientras que su talento es la valentía y la lealtad.

El Forajido: Este arquetipo representa la rebelión, el deseo de romper las reglas y las normas sociales. Su meta es la libertad y la independencia, mientras que su miedo es la conformidad y la sumisión. Su debilidad es el vandalismo, mientras que su talento es la revolución y la innovación.

El Cuidador: Este arquetipo representa la compasión, la empatía y el deseo de ayudar a los demás. Su meta es cuidar de los demás, mientras que su miedo es el egoísmo y la indiferencia. Su debilidad es la codependencia, mientras que su talento es el servicio y la generosidad.

El Creador: Este arquetipo representa la creatividad, la imaginación y el deseo de expresarse a través del arte. Su meta es crear algo único y significativo, mientras que su miedo es la mediocridad y la falta de inspiración. Su debilidad es la obsesión y la perfección, mientras que su talento es la originalidad y la imaginación.

El Seductor: Este arquetipo representa la sensualidad, la atracción y el deseo sexual. Su meta es seducir y ser seducido, mientras que su miedo es la soledad y la falta de amor. Su debilidad es la manipulación y el egoísmo, mientras que su talento es el encanto y la seducción.

El líder: su meta es guiar a los demás y ser respetado. Su miedo es la incompetencia y la falta de liderazgo. Su debilidad es la arrogancia y su talento la capacidad de inspirar y liderar.

El bufón: su meta es disfrutar la vida y hacer reír a los demás. Su miedo es el aburrimiento y la tristeza. Su debilidad es la falta de seriedad y su talento la alegría y el humor.

El saboteador: su meta es romper las normas y cuestionar el status quo. Su miedo es la autoridad y la opresión. Su debilidad es la tendencia a la destrucción y su talento la capacidad para ver las cosas desde otra perspectiva.

El mago suele ser muy carismático. Tienen una creencia verdadera en sus ideas y desean compartirlas con otros. A menudo son capaces de ver las cosas de una manera completamente diferente a otros tipos de personalidad y pueden usar estas percepciones para aportar ideas y filosofías transformadoras al mundo. Objetivo: comprender las leyes fundamentales del universo. Miedo: consecuencias negativas no deseadas. Debilidad: convertirse en un manipulador o egoísta. Talento: transformar la experiencia cotidiana de la vida de las personas al ofrecer nuevas formas de ver las cosas.

LOS ARQUETIPOS DEL YO

El Ánima y el Ánimus: Es la representación del género opuesto al que la persona tiene. Según Jung el ánima es, para el hombre, el lado femenino que queda en la psique de este, así como el ánimUs es para la mujer, su lado masculino. Este arquetipo se expresa en una gran emocionalidad y nos pone en contacto con aspectos que reprimimos en nuestra personalidad así como conforma el vínculo entre el individuo y el inconsciente colectivo.

La persona: La persona es, para el autor, esa identidad que deseamos proyectar, algo así como la máscara de un actor, aquellos rasgos que adoptamos por influencia del ambiente o los roles que nos impone la sociedad y que adoptamos como imagen pública, a pesar de que nuestra verdadera personalidad pueda ser diferente.

La sombra: La sombra es el arquetipo junguiano que refleja aquellos elementos que consideramos negativos. Son las características que tratamos de no mostrar a los demás porque esto podría causarnos vergüenza o ansiedad. Es derivada de un pasado animal en la que se incluyen los instintos.

Dentro de la sombra, se hallan pensamientos o ideas reprimidas que, según Jung, deben resolverse para conseguir nuestra individualización total. Aunque aquello que está en la sombra puede ser considerado negativo, quizás no siempre lo es y pueden existir cualidades positivas que queremos esconder por algún motivo.

El sí mismo: Es el arquetipo central del inconsciente colectivo, la imagen de la totalidad de la persona que confiere sentido a la vida, así como el centro de la psique humana. Así pues, es la coherencia y la organización que confiere el equilibrio de la personalidad.

La gran madre: Es el arquetipo que abarca las cualidades maternales idealizadas: el cuidado, la compasión y el amor, así como la guía a seguir. Está simbolizado por la madre original o la madre tierra, así como se ha adaptado a diferentes religiones en nombres como María, Hera o Juno.

 El gran padre: Este arquetipo representa a un guardián del orden y la cordura en un mundo caótico.

En conclusión, los arquetipos pueden ser de gran ayuda para los jóvenes en su búsqueda de sentido en la vida. Al comprender y trabajar con estos patrones universales de significado, los jóvenes pueden encontrar la inspiración, la orientación y la comprensión necesaria para encontrar su camino en la vida.

13.4.12

Las imágenes, claves en la oratoria



Por Ramón Maceiras López
La materia prima, los datos, el conocimiento que se necesita para razonar y tomar decisiones llega a la mente en forma de imágenes. Usamos aquí el concepto de imagen en su sentido amplio, como representación. Si el lector mira en este momento el paisaje que se le ofrece desde la ventana de su habitación, o escucha la voz de alguien de su familia, o pasa los dedos por una superficie sintética, o lee estas palabras, está percibiendo imágenes de varias modalidades sensoriales. Se les denomina imágenes perceptuales.

A continuación, podemos abandonar la percepción del ahora, del momento actual, y dirigir los pensamientos a un familiar lejano, a las palabras del párrafo anterior, a una melodía relacionada pero no presente actualmente, etc. Esos pensamientos siguen estando constituidos por imágenes que pueden expresarse en formas, colores, movimientos, tonos, palabras habladas. Esas imágenes que surgen cuando recordamos algo del pasado se denominan imágenes rememoradas.

Pero también podemos pensar el futuro en forma de imágenes. Pensamos por ejemplo en el coche que tenemos en el garage y nos proponemos lavarlo y encerarlo el próximo fin de semana. Mientras desplegamos la planificación de tal tarea aparecen imágenes de formas, movimientos, colores, etc, y se consolida una memoria ficticia en la mente. Aunque no lavemos el coche el próximo fin de semana el proceso de pensamiento sobre el futuro se desarrolla igualmente en forma de imágenes.

Todas esas imágenes perceptuales, rememoradas o del futuro son construcciones cerebrales, fraguadas por medio de una compleja maquinaria neural compuesta de percepción, memoria y razonamiento. El proceso puede desatarse desde fuera del organismo, en el caso de las imágenes perceptuales, o a partir del interior de nuestro organismo, cuando por ejemplo cerramos los ojos y recordamos imágenes visuales guardadas en la memoria o nos dedicamos a imaginar el futuro.

El proceso de formación de esas imágenes empieza a ser comprendido de forma más cabal en los últimos años. Cuando percibimos el paisaje de la ventana, las señales procedentes del ojo y la retina son transportadas por la neuronas a lo largo de sus axones y a través de sinapsis electroquímicas hasta el cerebro, concretamente hasta las cortezas visuales iniciales. Un dolor en el brazo utilizaría otra vía, las terminaciones nerviosas en el brazo hasta las cortezas somatosensoriales en otra área del cerebro. Es curioso que no haya un centro cerebral único para la percepción, sino que el proceso se desarrolla a lo largo y ancho de todo el cerebro. Pero el proceso de formación de imágenes requiere no sólo la captación de las señales, su transporte y posterior elaboración en las cortezas cerebrales adecuadas. Requiere la consciencia de ellas y su individualización para que sean “nuestras” imágenes. Eso significa que esas representaciones tienen que estar correlacionadas con la base neural del yo. De no ser así, no pasaríamos de hacer lo mismo que hace el objetivo de una cámara fotográfica. Es la existencia de un yo subjetivo lo que le da carácter a esa percepción y la individualiza.

Volvamos a Damasio para saber cómo se guardan esas imágenes:

“Las imágenes no se almacenan como fotografías en facsímil de cosas, acontecimientos, palabras o frases. El cerebro no archiva fotografias Polaroid de personas, objetos, paisajes; ni tampoco almacena cintas de audio de música y conversación; no almacena películas o escenas de nuestra vida; ni mantiene el tipo de chuletas y de teleapuntadores que permiten a los políticos ganarse el pan cotidiano. Para abreviar, parece que no existen imágenes de nada que se conserven de forma permanente, ni siquiera miniaturizadas, no hay microfichas ni microfilmes, no hay copias impresas. Dada la cantidad de conocimiento que adquirimos a lo largo de una vida, cualquier tipo de almacenamiento de facsímiles plantearía probablemente problemas de capacidad insuperables”. 

¿Qué sucede entonces? ¿Cómo accedemos a esas imágenes? Damasio, en un intento por exponer lo que se sabe hasta el momento de ese proceso, nos lo explica así:

“Todos nosotros tenemos experiencia directa de que cuando rememoramos un objeto dado, o cara, o escena, no obtenemos una reproducción exacta sino más bien una interpretación, una versión acabada de construir del original. Hay que añadir que, a medida que nuestra edad y experiencia cambian, las versiones de la misma cosa evolucionan (…) Pero la negación de que puedan existir imágenes permanentes de algo en el cerebro debe de reconciliarse con la sensación, que todos nosotros compartimos, de que podemos evocar, en el ojo, en el oído de nuestra mente, aproximaciones de imágenes que experimentamos previamente. El que estas aproximaciones no sean exactas, o sean menos vívidas que las imágenes que se pretende que produzcan, no contradice este hecho. Una respuesta tentativa a este problema sugiere que estas imágenes mentales son construcciones momentáneas, intentos de replicación de pautas que se experimentaron en otro momento, en las que la probabilidad de replicación exacta es baja pero la probabilidad de replicación sustancial puede ser superior o inferior, dependiendo de las circunstancias en las que las imágenes se aprendieron y están siendo rememoradas. Estas imágenes rememoradas tienden a mantenerse en la consciencia sólo de manera fugaz, y aunque puede parecer que son buenas réplicas, con frecuencia son inexactas o incompletas”.

Detengámonos en la idea de que la probabilidad de replicación depende de las circunstancias en las que la imágenes se aprendieron y están siendo rememoradas. Esta idea es clave en la comunicación de influencia o persuasiva. Y nos obliga a preparar las circunstancias adecuadas para que ese mensaje para el que queremos lograr adhesión se fije de tal manera que su impacto deje una huella sustancial en la frágil memoria del receptor. La preparación de circunstancias adecuadas afecta tanto las características y estilo del orador, como del edificio estructural del mensaje, como del espacio en el que se produce la persuasión y de las características del auditorio. 

Si el pensamiento está hecho esencialmente de imágenes ¿cúal es el papel de las palabras y de los símbolos en el pensamiento? La explicación más plausible, según el grado de conocimiento actual del problema, indica que tanto las palabras como los símbolos se basan en representaciones organizadas topográficamente y pueden convertirse en imágenes. “La mayoría de palabras que usamos en nuestro discurso interior, antes de hablar o de escribir una frase, existen en forma de imágenes auditivas o visuales en nuestra consciencia. Si no se convirtieran en imágenes, por fugazmente que fuera, no serían algo que pudiéramos conocer”. 

Aunque está manera de entender el valor de las imágenes en el proceso del pensamiento es relativamente reciente, pues ha sido desarrollada en gran parte por Roger Shepard y Stephen Kosslyn en Mental Images and their Transformation (1982) e Image and Mind (1980), la idea era ya atractiva para personas como Albert Einstein, quien parecía tenerlo muy claro:

“Las palabras del lenguaje, tal como se escriben o se hablan, no parecen desempeñar papel alguno en mi mecanismo de pensamiento. Las entidades psíquicas que parecen servir como elementos en el pensamiento son determinados signos e imágenes más o menos claras que pueden reproducirse y combinarse “voluntariamente” (…) Los elementos anteriormente mencionados son, en mi caso, de tipo visual y…muscular. Las palabras u otros signos convencionales sólo han de buscarse laboriosamente en una fase secundaria, cuando el juego asociativo citado se halla suficientemente establecido y puede reproducirse a voluntad”. 

Otros notables matemáticos han expresado ideas similares. El hecho de que el principal contenido de nuestros pensamientos son imágenes, independientemente de la modalidad sensorial en la que sean generadas, al margen de si se refieren a una cosa o a un proceso que implica cosas, sin importar tampoco que sean palabras u otros símbolos que correspondan a cosas o procesos, llevó a dos personajes geniales a concebir una de las claves de la Programación Neurolingüística (PNL). Pero de Richard Bandler y John Grinder hablaremos en el próximo post.

13.5.07

Reconozca e integre su sombra (I)




En el Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hide, el escritor Robert Louis Stevenson afloró lo que más tarde la psicología analítica de Jung revelaría como una parte sustancial del Yo de todas las personas: la sombra personal.

El Dr. Jekyll es un amable y esforzado científico que luego de tomar una pócima sufre un drástico cambio de personalidad que lo transforma en el violento y despiadado Mr. Hyde. Transformación que lo hace irreconocible y lo convierte en un ser cada vez más malvado.

Hoy sabemos que en el psiquismo de cada ser humano conviven el amable Jekyll y el malvado Hyde. La persona afable y, al mismo tiempo, el ser oculto y tenebroso que anida emociones y conductas reprochables: rabia, celos, vergüenza, mentira, resentimiento, lujuria, soberbia, tendencias asesinas y suicidas.

Esa sombra personal se desarrolla naturalmente desde la infancia. El ego y la sombra se van desarrollando simultáneamente. Por una parte, se afirman los rasgos ideales de nuestra personalidad, reforzados por el entorno que nos rodea. Al mismo tiempo enterramos en la sombra las emociones y conductas que chocan con esa imagen ideal.

Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el "ser inferior" que habita en nuestro interior. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. La sombra proyectada es la causante de la gran mayoría de los actos cotidianos en los que la intercomunicación es obstruida por "ruidos" psíquicos. Acusamos a los demás de defectos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocer como tales:

"Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egotismo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetito desordenado de dinero y posesiones..." (1).

La sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos (2):

"Antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente".
La sombra impulsa al ser humano al “contagio colectivo", a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa (3):

"Cuando un hombre está solo, por ejemplo, se siente relativamente bien; pero tan pronto como "los otros" hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar".
La represión que nuestra "función superior" (la función psicológica más imperante en nuestro Yo consciente de las cuatro posibles: intuir, pensar, sentir y percibir) y nuestra tipología psicológica (introvertido o extravertido) lleva a cabo con todo aquello que no se ajusta a ellas, origina un incremento de energía psíquica en la sombra, con lo cual ésta se torna más negativa.

La misión de ser humano es integrar a este "hermano oscuro" y dejar de creer que somos mejores que los demás, siendo conveniente no intentar reprimir totalmente la sombra.

Además la sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, faunos, etc.

Pero la sombra es algo consustancial al individuo, ya que la propia naturaleza del mundo implica que exista luz y exista oscuridad. La fuerza de la sombra no sólo actúa negativamente sino también positivamente (6):

"La sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber: instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc".
Por ello, la integración de la sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con la sombra supone tener "conciencia crítica despiadada del propio ser" (7):

"Que la sombra se convierta en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos... La sombra no es siempre, y necesariamente, un contrincante. De hecho es exactamente igual a cualquier ser humano con el cual tenemos que entendernos, a veces cediendo, a veces resistiendo, a veces mostrando amor, según lo requiera la situación. La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida " (8).

"Si la figura de la sombra contiene valiosas fuerzas, y fuerzas vitales, tienen que ser asimiladas a experiencias efectivas y no reprimidas. Corresponde al Yo renunciar a su orgullo y fatuidad y vivir conforme a algo que parece oscuro, pero que, en realidad, puede no serlo. Esto ha de requerir un sacrificio tan heroico como la conquista de la pasión pero en sentido opuesto" (9).


(continuará...)