8.3.12

Los primeros maestros de Oratoria



En la Grecia antigua, el dominio de la artes y técnicas de la comunicación pasó a ser fundamental para cualquier aspirante a político –ocupación prestigiada y ambicionada por la mayoría, en aquel tiempo- y para cualquier ciudadano libre dedicado a los negocios o a la agricultura, quienes con mucha frecuencia se veían envueltos en acusaciones, juicios, delitos, infracciones o pago de tributos, que tenían que ser resueltos en tribunales públicos con jurados populares.

La necesidad de los ciudadanos libres de formarse en las habilidades comunicativas indujo el florecimiento de un grupo de profesionales especialistas en el arte del bien hablar y escribir. Estos profesionales enseñaban directamente retórica a sus clientes y también los representaban en los tribunales o les preparaban los discursos que aquellos pronunciaban. De la práctica continuada fue surgiendo una teoría de la oratoria basada en los resultados de las distintas estrategias que se utilizaban en las asambleas o en los tribunales.

En el siglo V a.C. surgen los primeros tratados de retórica en Sicilia, atribuídos a Kórax y Tísias, dedicados específicamente a la oratoria forense y destancando los trucos a los que los abogados podían recurrir para triunfar en los tribunales. El fundador de la técnica retórica fue otro siciliano, Górgias Leontinos, quien fuera embajador de su ciudad natal en Atenas en el año 427 A.C. Górgias destacaba por su brillantez discursiva y muchos atenienses se hicieron sus discípulos, convirtiendo a este siciliano en el primer profesor de retórica que se conoce. Górgias fue el iniciador de la oratoria de exhibición o de aparato. Consideraba que la oratoria debía excitar al auditorio hasta dejarlo totalmente persuadido. No le interesaba ninguna presunta verdad objetiva, sino el convencimiento del auditorio. Su técnica consistía en el uso de un lenguaje brillante y poético, lleno de efectos, figuras y ritmos.

Aristóteles consideraba insuficientes y poco satisfactorias las técnicas de Górgias, ya que no iban más allá de un repertorio de trucos legales y artimañas descabelladas para lograr la compasión de los jurados. Ya Aristóteles pensaba en armar una teoría global que presentara concienzudamente las reglas y las técnicas de la retórica y las bases de la argumentación eficaz.

Después de Górgias fue Isócrates el más famoso maestro de retórica en Atenas. Había creado una escuela con mucha más fama que la Academia de Platón. Isócrates y Platón se disputaban en el mercado ateniense la formación de los políticos de la ciudad. Isócrates escribe una obra titulada Contra los sofistas en la que promueve la idea de una preparación integral del orador en la que incluía la formación del carácter, el estudio de la política y de la técnica retórica en toda su amplitud. Estaba dirigida su obra a la formación de ciudadanos virtuosos y capacitados para el éxito político y social.

Platón, por su parte, consideraba el modelo de Isócrates como frívolo y superficial por estar dirigido hacia el éxito social, desarrollado al margen de las inquietudes filosóficas y la naturaleza de la realidad. Para Platón la retórica privilegiaba la persuasión y no la verdad, lo cual era un peligro social que había que combatir con decisión. En su diálogo Górgias, Platón enfrenta a la filosofía con la retórica y rompe lanzas por una tecnocracia moral en las que los filósofos conduzcan a los ciudadanos hacia la excelencia personal, a ser cada vez mejores. Condena la democracia de los políticos demagogos que engañan al pueblo. Califica a la retórica como un artificio de la persuasión. No la persuasión de lo bueno o verdadero, sino la persuasión de cualquier cosa. Recuerda que gracias a la persuasión el injusto se libra del castigo. Sin embargo, con el tiempo Platón llegó a elogiar a Isócrates y en su obra Fedro admite la posibilidad de una retórica distinta, verdadera y buena, que se confundiría casi con la filosofía platónica.