6.10.11

La oratoria Zen de Steve Jobs

Innovador en todo, genial e iconoclasta, Steve Jobs tiene ya un lugar privilegiado en la historia de la revolución tecnológica de la humanidad. Sin embargo, es menos conocido de lo que debiera en cuanto a sus aportes a la oratoria y al arte de las presentaciones apoyadas con elementos tecnológicos. Jobs desarrolló en ese campo lo que los entrenadores en oratoria denominamos el Estilo Zen. A lo largo de los años he seguido a Jobs en sus presentaciones, verdaderas "performances" que han ido creando escuela y he incorporado a mis talleres de oratoria algunas de las peculiaridades más efectivas e impactantes de su estilo.

Las características principales del Estilo Zen en oratoria pueden resumirse en a) simplicidad, b) elegancia, c)  sugerir más que describir lo obvio, d) naturalidad, e) espacios vacíos, f) estilo y tranquilidad y g) eliminación de lo no esencial.


La escena y la pantalla están totalmente vacías mientras Steve cuenta sus historias. De esta manera, cuando el mensaje escrito o las imágenes aparecen tienen mucha más fuerza. Para muchos oradores la idea de una pantalla vacía es aterradora. Por supuesto, Steve compensaba ese vacío con una presencia, simpatía, un saber ocupar el espacio. Su permanente movimiento en la escena lanzando un mensaje corporal de tranquilidad, estilo y dominio de sí mismo y de la escena resultaba más que suficiente. Eso hay que aprenderlo y ensayarlo. reiteradamente.


Steve ha creado escuela también en esta área. No solamente fue un adelantado en la tecnología, sino que se convirtió en el mejor vendedor de sus productos y se encargaba personalmente de hacer el trabajo. Sus lanzamientos de marketing eran esperados por todos.

Los que nos dedicamos profesionalmente a la comunicación y al entrenamiento en oratoria valoramos grandemente los aportes de este indudable genio del arte de la palabra.

3.10.11

Por qué no puede ganar Rubalcaba el 20-N





Como profesional de la consultoría en comunicación y el marketing político no puedo más que manifestar mi perplejidad por los errores de bulto y de libro que el equipo de campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba está cometiendo en esta insólita y especialísima contienda electoral. Definir con precisión los objetivos de la campaña, definir los temas y el estilo, perfilar el papel del candidato y conocer lo que se juega en las elecciones (conocer la elección) son los asuntos esenciales que definen el éxito o el fracaso de una campaña electoral. En todos estos ítems cruciales -y otros más que no menciono- el equipo de Rubalcaba se equivoca estrepitosamente.


Escuché con estupor al ex presidente Felipe González afirmar este pasado fin de semana en la Conferencia Política del PSOE que aún “podemos ganar el 20-N”. A continuación, el propio candidato matizó un tanto la frase al decir que “no me voy a dejar ganar”. Pero el caso es que tomando en cuenta el auditorio (integrado por los principales cuadros políticos del PSOE) y las características de la reunión ( una Conferencia Política para definir programas y articular la táctica y organización de la campaña) escuchar semejante “boutade” me llenó de asombro. No se trataba de una arenga aleccionadora en un mitín de campaña, azuzada por esta extraña canícula de octubre. De ser este el caso, no le daría mayor importancia. Pero no, se trataba de expresar seriamente que es posible ganar las elecciones, planteando como objetivo de campaña tal despropósito. Flaco favor le hacen a la moral de combate de los socialistas tales manifestaciones.

A este error de bulto se suman -y probablemente sean consecuencia del primero- la táctica de personalizar la campaña en la figura de Rubalcaba, y colocar al candidato como portavoz de las propuestas económicas cuando ni su perfil ni su trayectoria política le dan entidad ni credibilidad para tal encomienda. Al mismo tiempo, el intento de “reempaque” de Rubalcaba desconcierta a un electorado que no reconoce al personaje en pantalones de vaquero, vestimenta informal y talante contemporizador y socrático, sobre un fondo azul cielo despejado y venturoso, que quiere vender el equipo de campaña. El intento de distanciar al candidato del gobierno del presidente Zapatero, del cual formó parte hasta julio de este año, no resulta creíble y, peor aún, es contraproducente. Como guinda, menciono que la insistencia en agitar como tema central de la campaña el fantasma del fin del estado del bienestar si gana el PP, revela que los estrategas del PSOE no aprendieron aún la lección de las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22-M.

Conocer la elección y definir el objetivo

Ambas cosas están íntimamente relacionadas en la teoría y la práctica del marketing político. Desde hace más o menos un año está claro para el que quiera verlo que lo que está por definirse el 20-N es la magnitud de la mayoría absoluta que obtendrá el PP. Si quedaba alguna duda de esto, los resultados del 22-M cuantificaron en qué medida está ya definida la intención del electorado de cambiar de gobierno, de políticas y de políticos, para reconducir la crisis por la que atraviesa España. La idea del cambio de gobierno se ha solidificado en la mente de los electores. Todos los datos demoscópicos coinciden abrumadoramente en que el paso del tiempo no ha hecho más que reducir el porcentaje de electores indecisos y aumentar la diferencia a favor del PP. El PSOE pierde votos por la izquierda, el centro abandona la papeleta socialista y la juventud no siente especial motivación por el voto al PSOE. Los antiguos graneros autonómicos de votos están exangües.

La particularidad de esta campaña, producida por la excepcionalidad de la situación por la que atraviesa España, estriba en que la polaridad izquierda-derecha no define la decisión de fondo del electorado. Las antiguas fidelidades ideológicas o de voto no funcionan ya como antes. Los conceptos de “voto duro”, marais, electores críticos, etc, tienen que ser usados en este momento con mucha flexibilidad para entender lo que está sucediendo. Salir de la crisis lo más pronto posible, dejar atrás las políticas de Zapatero, comenzar cuanto antes la recuperación de la economía, son las principales motivaciones de un electorado agotado ya por tantas promesas incumplidas, bandazos políticos e improvisaciones sobre la marcha, atemorizado ante el porvenir y ansioso por escuchar un Plan de Gobierno y visualizar un equipo competente para salir de la crisis. Rubalcaba y el PSOE responden a ello con un revival programático de corte socialdemócrata y un brindis al sol a la salud del estado del bienestar...Lo cual revela que no entienden lo que se juegan y lo que se juega en esta elección.

Ante semejante cuadro, plantearse como objetivo de campaña ganar las elecciones, indica un desnorte total de la dirección política del PSOE. Hasta julio de este año era posible -con una campaña bien enfocada- que el PSOE saliera de la contienda con unos resultados más o menos dignos. En este momento, el desastre electoral amenaza con convertirse en un cruda realidad. Los cantos de sirena de ciertos “gurús” del marketing político y de opulentos publicistas vendedores de detergentes amenazan con llevar al PSOE a los peores resultados electorales de su ya larga historia como partido.

El error de subestimar a Rajoy

El siguiente despropósito ha sido el de personalizar la elección en la figura de Rubalcaba. Asignarle por arte de magia una posición de liderazgo tanto en el partido como en la sociedad, que no tiene, convertirlo en paladín de la causa de la izquierda (en un momento en que tal concepto está seriamente desdibujado y fragmentado) y colocarlo como portavoz de políticas económicas que no sabe explicar y que tiene que matizar continuamente (cuando no es corregido abiertamente por otro dirigente del PSOE). El triste papelón que está protagonizando estriba en que su perfil político y su trayectoria histórica no encajan con el de un portavoz en materia económica. Y eso es un error de libro en el marketing político. Y para más inri, han aplicado a Rubalcaba un reempaque, envolviéndolo en celofán y poniéndole un lazito que desconcierta a unos electores que se han ido formando una idea de él a lo largo de treinta años de trayectoria política y que claman al cielo: ¡este no es mi Alfredo, me lo han cambiado! Desconfianza en el candidato y en su partido es el cruel resultado de semejante exabrupto.

Ciertos vendedores de detergentes que se han infiltrado en el arte y la ciencia del marketing político, siguen difundiendo la especie de que se puede fabricar un líder político y social de la noche a la mañana utilizando las técnicas del marketing para vender salchichas. Susurran la idea de que son poseedores de ciertos conocimientos y técnicas esotéricas que les permiten manipular a los electores e introducir en sus mentes cualquier tipo de concepto o actitud a gusto del cliente. Tal idea es sólo una leyenda urbana y suele ser desastrosa cuando se intenta aplicar en una campaña electoral.

Una de las claves del marketing político consiste en cruzar las virtudes del candidato con las preocupaciones fundamentales del electorado en una contienda determinada. En esta campaña la principal preocupación del electorado es la situación económica, ciencia ésta muy alejada de los conocimientos y experiencia práctica de Rubalcaba. El ethos, el perfil histórico de Rubalcaba, quien ya fue ministro de Felipe González y portavoz de su gobierno, jefe de bancada parlamentaria y ministro del Interior y portavoz del presidente Zapatero, es eminentemente político. Lo lógico hubiera sido centrar a Rubalcaba en lo político, campo en el que se mueve como pez en el agua, y atenuar sus deficiencias o sustituírlo en sus carencias.

La misma situación se presenta en el caso de Mariano Rajoy. Sin embargo, la dirección de campaña del PP ha puesto a su lado a líderes de opinión del campo económico, personalidades con trayectoria en esa área y lo ha limitado a ser portavoz de planes económicos elaborados por expertos y gente competente. El perfil de Rajoy es claramente político y se lo presenta desde hace tiempo como un presidenciable rodeado de gente competente en el área económica. Esa es una solución práctica y de libro. No se puede inventar un líder en políticas económicas en seis meses. Y mucho menos en la dos tardes de clínica económica que le iba a dar Jordi Sevilla al presidente Zapatero. Lo razonable es combinar lo conocido, concentrarse en los puntos fuertes y las virtudes del candidato y tratar de poner en segundo plano sus carencias o compensarlas.

Detrás de la táctica de personalizar la elección en la individualidad de Rubalcaba se encuentra la subestimación de la figura de Rajoy. La presunta falta de carisma de Rajoy, su perfil moderado y su mediana valoración como líder, ha distorsionado la visión de los estrategas del PSOE, quienes han creído que en un mano mano con Rajoy su candidato saldría ganador. Craso error. El PP no necesita personalizar la elección. Incluso, no le conviene. Cualquiera que se tome un café en España en un lugar público escuchará hablar de que va a ganar el PP. La idea de partido, de equipo, de estructura detrás del líder, más la inercia que ha generado a su favor la necesidad del cambio político, ha compensado en términos de campaña la falta de carisma que se le atribuye a Rajoy. Y por eso Rajoy trata a Rubalcaba con olímpico desprecio ante sus continuos retos públicos.

Last but not least

Pero el despropósito más patético de la campaña de Rubalcaba ha sido el intento de esconder al presidente Zapatero. Paradójicamente, mientras más lo ocultan, más notoria se hace su ausencia en la campaña. Entre otras cosas, porque se trata nada menos y nada más que del presidente de Gobierno del Reino de España, no de un oscuro dirigente político o un burócrata de segunda fila. Escapa a mi entendimiento la razón por la cual el presidente Zapatero ha aceptado semejante papelón. Sólo añado que tal estratagema no sólo es inútil, sino contraproducente. El candidato Rubalcaba no puede ocultar que ha sido ministro y portavoz del gobierno del presidente Zapatero durante casi dos legislaturas. Cualquier intento de desmarcarse de la gestión del actual gobierno tropieza y tropezará con la más dura piedra de lo obvio y lo evidente. Por no mencionar el daño que se le hace a la figura de la presidencia de Gobierno en un momento en que la política, los políticos y ciertas instituciones no gozan del mayor aprecio por parte de los ciudadanos.

Hay maneras elegantes, políticas, respetuosas y humanas de aminorar el impacto que la gestión del gobierno tiene sobre las posibilidades electorales de Rubalcaba, aunque esa gestión pese como una losa sobre las espaldas del candidato. La que se ha escogido hasta ahora es la peor. Asumo que fue otra idea brillante de los vendedores de detergentes que asesoran la campaña, dicho sea de paso con todos mis respetos para los fabricantes y comerciales de detergentes.

Finalizo diciendo que creo haber argumentado -aunque tendría más que decir- la contundente frase que titula este análisis: por todo lo dicho, sólo un milagro podría otorgarle el triunfo a Rubalcaba el próximo 20-N. El día señalado se despejarán las incógnitas.

15.9.11

Crisis y Gestión del Cambio

¿Qué cambiar? ¿Cómo? ¿En que dirección? ¿Qué nuevos conocimientos necesitamos adquirir para que el cambio sea real y eficaz? Estas y muchas otras preguntas están hoy en la mente de cientos de millones de personas en todo el mundo. La crisis está poniendo en entredicho la vieja manera de hacer las cosas. Muchos pretenden que las cosas se mantengan tal como están. Son los que se resisten al cambio. Otros tienen miedo y no saben qué hacer. Pero si estudiamos integralmente el problema, nos daremos cuenta de que el cambio está en marcha, es imparable y avanza rápidamente.

¿Se puede gestionar el cambio de manera racional y planificada? Aminorar el caos, trabajar en medio de la incertidumbre son una realidad a la que tenemos que enfrentarnos todos: empresas, organizaciones, personas, la sociedad en general...Desde nuestro punto de vista, hay una serie de principios que pueden orientar la gestión el cambio. Apuntaremos algunos en esta nota.


1.- La gestión del cambio es un arte y una ciencia multidisciplinaria, transversal y totalizadora. Los procesos de cambio tanto en el plano individual, como en las empresas, organizaciones de todo tipo y en la propia sociedad pueden ser gestionados hoy con un razonable nivel de precisión, si se abordan con las herramientas adecuadas y lo ejecutan gestores con la experiencia suficiente.

2.- Los entornos en los que actuamos y actuaremos durante mucho tiempo son entornos de alta incertidumbre...No hay nada seguro... Es preciso trabajar con la dinámica del aprendizaje permanente y la colaboración entre iguales. El mundo es complejo y los reduccionismos no funcionan. Las visiones economicistas, sicologistas, políticas, ecologistas, etc, por sí solas no permiten percibir la dimensión global del problema del cambio y la profundidad de la crisis.  Pero podéis estar seguros de que las cosas no volverán a ser como antes.

3.- La resistencia al cambio es un fenómeno humano, natural y predecible en todo proceso de transformación, sea en una empresa, una organización o una persona individual. Y mucho más en la sociedad compleja. Los comportamientos aprendidos tienden a reproducirse por inercia. En el camino también se encuentran resistencias conscientes y deliberadas. En los procesos de cambio se afectan intereses creados y siempre hay personas o grupos que se resienten. Algunos se adaptan y otros resisten. El abordaje de esas resistencias es crucial. Hay que esperarlas, detectarlas, analizarlas y regularlas mediante una intervención planificada, racional, elegante y precisa...y a veces drástica.

4.- Si cambias tú, cambia el mundo. La reforma de la conciencia comienza en el hombre individual y es un problema que depende también del límite de la capacidad de evolución de la psique individual. Ulteriormente, la eficacia del cambio en términos sociales depende de si una época está madura para una transformación o no.

5.- Si quieres cambiar, tienes que conocerte a ti mismo. Conocerte a ti mismo requiere trabajo de introspección y honestidad. Si quieres cambiar tu entorno, es preciso también que lo conozcas a fondo.

6.- El mapa es el territorio. Revisa tu mapa de creencias, valores y actitudes. Si el mapa que tienes de tu territorio de actuación es precario, tus logros y tu orientación serán precarios. Enriquece el mapa permanentemente.

7.- La percepción de la realidad forma parte de la realidad. Si lo que percibes de ti mismo y de tu entorno es pobre, así serán tus resultados cuando actúes. Ampliar tu percepción es una tarea de todos los días y hay técnicas para ello.

8.- Si ejerces una posición de liderazgo, empieza cambiando tú y facilitarás el proceso de cambio de tus seguidores. Si quieres que cambien ellos por arte de magia, te saldrán canas esperando.

9.- La sociedad es como somos. No la hacen así sólo los demás. También tú. Es muy socorrido desplazar la responsabilidad del actual estado de cosas al vecino, la familia, los políticos, los mercados, etc. Por acción o por omisión también tienes tu parte del pastel.

Estos son sólo algunos de los principios de Gestión del Cambio que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestra experiencia vital y profesional...Espero que les sirvan...Habrá más...

15.3.11

La muerte en las culturas orientales


Por Ramón Maceiras López
Muchos comentaristas occidentales reseñan con extrañeza la estoica actitud con la cual los japoneses han enfrentado el maremoto que arrasó una parte de su territorio. Se escuchan toda clase de teorías, una de las cuales da risa :"es que están acostumbrados a obedecer". He aquí una muestra más de la profunda ignorancia que los occidentales tienen sobre las culturas orientales y también las árabes y musulmanas, como han demostrado las macarrónicas interpretaciones escuchadas y léidas sobre los hechos políticos del norte de África.

Probablemente en todas las culturas del planeta Tierra el hombre teme a la muerte. Parece que el instinto de conservación desde la ameba hasta el hombre hace que un ser viviente trate con todas sus fuerzas de conservar su vida. El temor puede funcionar como un mecanismo muy útil para la preservación de las especies. Sin embargo, parece que en los estudios interculturales es posible encontrar diferencias cualitativas en las actitudes de los hombres en relación con la muerte.

Malinovski establece que: «... para el hombre primitivo la muerte tiene principalmente el sentido de un pasaje hacia la resurrección. Ve la declinación como una etapa del renacimiento, la abundancia del otoño y el declinar del invierno como un preludio al despertar de la primavera.»

Esta es una visión poética de la muerte. pero tiene implicaciones psicológicas. En este contexto, es importante insistir sobre el hecho de que la antropología moderna, al estudiar los pueblos «primitivos», reconoce que la magia y la religión no son solamente una doctrina o una filosofía, ni simplemente un conjunto intelectual de opiniones, sino un modo especial de conducta, una actitud pragmática hecha a la vez de razón, de sentimiento y de voluntad. Es un sistema psicológico con sus modos de acción específicos y un fenómeno sociológico tanto como una manera experiencial de ser.

Una tal concepción de la muerte como un proceso universal de la naturaleza disminuye ciertamente el temor, facilitando su integración de la vida de todos los días. El temor en sí mismo es una herramienta útil de la naturaleza, advirtiendo a los seres vivientes de los diferentes peligros a los que pueden estar expuestos dentro de un cierto ambiente. El temor puede llegar a ser nocivo cuando tratamos de escapar de él rechazándolo en lugar de expresar esta emoción vital.

Al interior de las culturas orientales y «primitivas», el temor de la muerte es aceptado y aun utilizado para facilitar el crecimiento psicológico del individuo y del grupo. Entre los tibetanos, por ejemplo, sus actitudes hacia la muerte y la agonía están desprovistas del tabú general que encontramos en Occidente. Allá, se encuentra a la muerte con respeto y veneración. Y la existencia de la muerte llega a ser un estimulante para el desarrollo del hombre, Este crecimiento psicológico es subrayado durante toda la vida, y especialmente cuando la persona está moribunda. Un principio de base del sistema budista - que impregna la vida de los tibetanos - es el carácter transitorio y el cambio constante del universo entero. Allí, la existencia de la muerte es utilizada como un elemento psicológico indispensable para la consciencia del carácter transitorio de la vida, del cambio de todas las cosas y del valor precioso de este momento mismo del aquí y el ahora. En este sentido, la muerte no es vista como un enemigo que se debe combatir y evitar a toda costa, sino como un aspecto indispensable de la vida, En otras culturas orientales la actitud hacia la muerte es también de respeto y aceptación. Esto puede haber cambiado algo en China y Mongolia, donde una filosofía materialista y una industrialización intensa han predominado desde el advenimiento del marxismo en esos países. Mientras más avanza un país en una tecnología materialista - Europa, EE.UU., Canadá - más hay una tendencia a poner énfasis sobre el tabú de la muerte con sus consecuencias negativas.

En cambio, en ciertos países donde la industrialización y la tecnología no han llegado a su máximo- México, Venezuela, Brasil - el tabú de la muerte no es tan fuerte. En México, por ejemplo, hay un día especial de la muerte y toda la población toma parte en festividades muy interesantes, donde la muerte es reverenciada y se la representa en actos teatrales, pinturas, esculturas populares, y donde es celebrada con alegría -bailes y banquetes - en los cementerios, en noviembre de cada año.


En los diferentes países orientales y culturas primitivas, aprender a morir es un aspecto esencial del arte de vivir. Manuales como el «Libro Tibetano de los Muertos» y el de los egipcios son recopilaciones muy antiguas, instrucciones para guiar al individuo en su viaje después de la muerte, tanto como para preparar
a la persona para su muerte biológica. Esta preparación para la muerte es, en efecto, una preparación para la vida, donde el individuo, liberado de sus temores y de sus angustias en relación con la existencia de la muerte, puede gozar de una existencia más satisfactoria y plena de sentido.

8.2.11

Vacuna contra la depresión


Prevenirse contra la depresión es una de las mejores inversiones que se puede hacer hoy en la sociedad contemporánea. La vacunación debe renovarse periódicamente desde la infancia. Dirección y sentido de la vida, autoconfianza, motivación y conciencia del aquí y el ahora, son mejor receta que los psicofármacos.

En un informe sobre la depresión en el mundo, la Organización Mundial de la Salud decía lo siguiente:

"Se espera que los trastornos depresivos, en la actualidad responsables de la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020".


Y aquí van los datos de la OMS: 121 millones de personas padecen depresión; 37 millones, la enfermedad de Alzheimer; 50 millones, epilepsia, y 24 millones esquizofrenia.
El problema se hace cada vez más grave, mientras los intereses sectoriales, científicos o empresariales, apelan cada uno al reduccionismo (biologicismo, psicologismo, sociologismo, etc.) y no se aborda el problema globalmente.

Únicamente con una visión totalizadora (holística) es posible entender el desequilibrio neuroquímico (indiscutible en las depresiones) y al mismo tiempo la acción conjunta de la herencia, la historia, la vida actual, los conflictos, el contexto social y los estados del cuerpo. Reconocer los aspectos químicos de las depresiones no implica desconocer los psíquicos ni los socioeconómicos. Postular que las depresiones son solamente biológicas es científicamente falso y humanamente peligroso.

En España y en el mundo las depresiones tienen que ver mucho con la situación económica, el desempleo, el divorcio, la pobreza, las dificultades de todo tipo y la crisis en los valores e ideales. Los deprimidos presentan una visión pesimista de sí mismos y del mundo, así como un sentimiento de impotencia y de fracaso. Hay pérdida de la capacidad de experimentar placer (intelectual, estético, alimentario o sexual). La existencia pierde sabor y sentido. Muchos hombres y mujeres deprimidos pasan inadvertidos porque en vez de silencioso abatimiento, muestran el ruido de la violencia, el consumo de drogas o la adicción al trabajo. Síntomas que, con un eufemismo, se califican como "irritabilidad".

Es que la depresión no existe. Existen personas deprimidas. Con un amplio rango de humores y de expresiones afectivas: agobiados en busca de estímulo, ansiosos en busca de calma, insomnes en busca de sueño. El agobio se expresa en la temporalidad ("no tengo futuro"), en la motivación ("no tengo fuerzas") y en la propia estimación ("no valgo nada").

Se sienten abrumados por cierta desesperanza que les impide contar con la energía necesaria para formular nuevos proyectos y dejar de merodear, nostálgicamente, por las ruinas del pasado. Sin anticipación del futuro, no hay proyecto. La ilusión se doblega ante la nostalgia.El alcoholismo y las adicciones suelen ser la otra cara del vacío depresivo. A la falta de sensaciones del deprimido le responde la búsqueda de sensaciones del drogadicto. La depresión y el abuso de sustancias forman un círculo vicioso, pues son un intento de liberarse de la depresión y el daño que experimentan por ello la acentúa.

Para entender las depresiones y contrarrestarlas son capitales la autoconfianza, la motivación y la conciencia del aquí y el ahora. Son como un delta en el que desembocan la historia personal, las realizaciones, la trama de relaciones significativas, y también los proyectos individuales y colectivos que desde el futuro nutren al presente, y desde el presente crean el futuro
Prevenirse contra la depresión es una de las mejores inversiones que se puede hacer hoy en la sociedad contemporánea. La vacunación debe renovarse periódicamente desde la infancia. Dirección y sentido de la vida, autoconfianza, motivación y conciencia del aquí y el ahora, son mejor receta que los psicofármacos.

25.1.11

Que cambien los demás



Por Ramón Maceiras López
Anthony de Mello es un personaje extraordinario que va encontrando su lugar a medida que su obra se divulga y transcurre el tiempo. Nacido en India en 1931, y fallecido en Nueva York en 1987, se formó como sacerdote jesuita en su India natal.

De Mello prosiguió su formación personal interesándose por diversas tradiciones religiosas asiáticas y del Medio Oriente. Entendió enseguida que los cuentos y los pequeños relatos -nacidos en la profunda noche de los tiempos, como una forma de transmisión de enseñanzas-, seguían siendo tan útiles y necesarios hoy en día como lo habían sido siempre. Es por ello que muchos de los libros que escribió De Mello fueron una recopilación y adaptación de estas enseñanzas de origen sufí y zen, relatos del medio oriente, dichos y hechos que aparecen en las leyendas hindúes, y también de las mismas enseñanzas cristianas y judías.

El común denominador entre todos estos cuentos breves -generalmente de una sola página- es su cualidad paradójica. Con ello, De Mello pretendía ofrecer un revulsivo a las personas que sentían un interés por la espiritualidad. Y este es el efecto que producen sus narraciones: una confusión paradójica que apunta a un despertar.

De Mello fue acusado por su propios correligionarios de olvidar el aspecto formal de la religión cristiana para lanzarse a una exploración sin límites que diluía las enseñanzas de unas y otras religiones. Algunos cuentos apuntan a un lugar que va más allá de la doctrina: abren un espacio al misticismo, en el que encuentran su fuente diversas tradiciones espirituales. Sus libros han sido traducidos a más de 40 idiomas de todo el mundo, y muchas personas -cristianas o agnósticas-, han reconocido que Anthony de Mello tendió un puente espiritual entre oriente y occidente -un puente que tiene circulación en ambos sentidos.

Una de estas paradojas de De Mello se encuentra en su libro El canto del pájaro. Tiene que ver con el cambio personal, tema recurrente en este blog:.

El sufí Bayazid dice acerca de sí mismo: «De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: 'Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo'». «A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: 'Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho'».
«Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: 'Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo'. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida».Todo el mundo piensa en cambiar a los demás o a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo. La culpa siempre es de los demás...¿Y yo cómo soy?

En estos tiempos de crisis, se escucha la hipócrita frase de "hay que apretarse el cinturón"...Pero que se lo aprieten los otros. En general, hay una resistencia profunda a abandonar los excesos del pasado y los privilegios del presente...Y no son sólo los políticos, receptores momentáneos del desprecio colectivo.

8.1.11

La sociedad es tal como somos


"Vuestros internos conflictos tienen expresión en desastres externos. Vuestro problema es el problema del mundo y únicamente vos podéis solucionarlo, no otro; no podéis dejarlo a los otros. El político, el economista, el reformador, es, como vos, un oportunista, un astuto urdidor de planes: pero nuestro problema, este humano conflicto y miseria, esta existencia vacía que produce desastres tan angustiosos, requiere algo más que maquinaciones astutas, más que las superficiales reformas del político y el propagandista. Requiere un cambio radical de la mente humana y ninguno puede hacer que esta transformación se efectúe, salvo vos mismo. Porque lo que vos sois, eso es vuestro grupo, vuestra sociedad, vuestro líder. Sin vos el mundo no es; en vos está el principio y el fin de todas las cosas. Ningún grupo, ningún líder puede establecer el valor eterno, excepto vos mismo."

"Lo que sois psicológicamente, eso es vuestra sociedad, vuestro estado, vuestra religión; si sois concupiscentes, envidiosos, ignorantes, entonces vuestro ambiente será eso que vos sois. Nosotros creamos el mundo en que vivimos. Para que tenga lugar un cambio radical y pacífico, debe haber voluntaria e inteligente transformación interna; este cambio psicológico seguramente no ha de producirse a través de la coacción y si lo fuera, habría entonces tal conflicto interno y confusión, que de nuevo precipitaría a la sociedad al desastre. La regeneración interna debe ser voluntaria, inteligente, no obligada. Debemos buscar primero la Realidad y entonces solamente podrá haber paz y orden en torno nuestro."

Jiddu Krishnamurti

Krishnamurti decía esto hace más de sesenta años. Lo decía en un ciclo de conferencias que pronunció en Europa, Estados Unidos y la India, en los meses posteriores al fin de la II Guerra Mundial. Lo mismo que otros grandes maestros del pasado, señalaba Krishnamurti cómo ha de libertarse el hombre de todo aquello que limita su vida y la condiciona.

La vigencia de sus palabras es atronadora. Los signos de desintegración de toda nuestra época son ahora tan evidentes como lo fueron en el tiempo en que Krishnamurti pronunciaba estas palabras: por donde quiera en el mundo se producen guerras, violencias, luchas sociales, injusticias...El poderío y los falsos valores se han entronizado por doquier.

En medio de este caos, el hombre de buena voluntad intenta detener el arrollador avance de la bancarrota social y pone sus esperanzas en la fuerza de las instituciones tradicionales o nuevas, pero claramente se advierte que el intento de estas instituciones, ya sean religiosas o políticas, fracasa porque los individuos que forman esas mismas instituciones, llevan consigo a ellas sus limitaciones, los falsos valores y su confusión.

La clave de la transformación del mundo parece radicar, entonces, en la transformación del individuo: sus actitudes, sus íntimas intenciones, su conducta, su relación con el todo y lo particular.

En medio de esta vorágine de mala voluntad que es la vida moderna, es evidente el fracaso de las instituciones políticas y religiosas. La defensa, pues, de este institucionalismo, con sus viejas y estrechas formulas, no va a producir una auténtica reorientación individual, ni menos un mundo unido y de fraternal convivencia. Importa estimular un avivamiento individual, un interés vital por los valores eternos. Allí donde este interés vital esté ausente; allí donde los valores reales del espíritu fallan, es forzoso que se desintegre la civilización.

Después de la última gran matanza mundial (la II Guerra Mundial) se nos prometió un mundo de paz, se anunció que se reduciría la distancia entre ricos y pobres y que las instituciones internacionales que se creaban (la ONU, el FMI, el BM, etc) contribuirían a la justicia económica y social.Para el que lo quiera ver, es obvio que nada de esto se ha cumplido.

El orden mundial que padecemos no se puede sostener y cada vez hay menos gente dispuesta a soportarlo en los países del tercer mundo. La humanidad ha crecido en sólo 100 años de 1500 a más de 6000 millones de habitantes. La pobreza crece, viejas y nuevas enfermedades amenazan con aniquilar naciones enteras; la tierra se erosiona y pierde fertilidad; el clima cambia, el aire el agua potable y los mares están cada vez más contaminados.

Al mismo tiempo, se gasta un millón de millones de dólares anualmente en armas cada vez más sofisticadas y letales y una cifra similar se emplea en publicidad comercial, sembrando ansias consumistas, imposibles de satisfacer, en miles de millones de personas.Nuestra especie por primera vez corre real peligro de extinguirse por las locuras de los propios seres humanos, víctimas de semejante "civilización".

La clave para evitar la catástrofe estriba en una profunda transformación de los individuos: sus actitudes, sus intenciones, su conducta, sus valores y creencias, su relación con el todo y lo particular.