A estas alturas de enero muchos ya han abandonado los propósitos de año nuevo. Esos propósitos que se formulan rápidamente, muchas veces presionados por los demás.
A estas alturas de enero ya nos hemos dado cuenta de que el cambio de hábitos es difícil. Hemos averiguado que no basta con proponérselo conscientemente. Hay muchos factores inconscientes en el comportamiento: creencias, identidad, valores, elementos transpersonales.
A estas alturas de enero podemos plantearnos buscar ayuda profesional para formular bien nuestros objetivos, elaborar un plan realista y encontrar y vencer a los saboteadores internos y externos que conspiran contra nuestros propósitos.
Nuestro equipo está a la orden. Llámenos y concierte una cita.
Estas ceremonias rituales sobre el paso del tiempo (fin de año, cumpleaños, cambio de las estaciones, etc) suelen ser muy divertidas. Sin embargo, es bueno dotarlas de algún sentido, tanto individual como colectivo. Terminaré lo que he empezado y que valga la pena culminar. La vida ha dejado de ser una lucha constante para mi. Seguiré fluyendo en el continuum espacio-tiempo. Sólo atraigo lo que soy. Cuidado con lo que deseáis, porque se os puede cumplir.
Esto último, le pasó al hombre que encontró una lámpara mágica entre la arena de la playa. Al limpiarla, surgió un genio:
-Oh, señor, por liberarme de mi cárcel de siglos, te concedo un deseo - dijo el genio.
-Quiero ser muy rico -dijo el hombre.
- Concedido, mi señor.
...Y entonces el genio se lo comió y partió hacia la libertad.
Otro hombre -más avisado-, ante la misma circunstancia, pensó mejor su deseo. El genio le había concedido tres.
-¿Cuál es vuestro primer deseo, mi señor? - preguntó el genio.
-Quiero ser un hombre sabio.
-Concedido...Aún os quedan dos deseos, mi señor.
-No quiero más nada...Ya tengo suficiente.
Felices, sabios y provechosos cambios para todos.