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22.7.22

La depresión NO es causada por niveles bajos de serotonina



Los niveles bajos de serotonina no causan depresión, según una importante revisión dirigida por la doctora Joanna Moncrieff y publicada el 20 de julio de 2022 en la prestigiosa revista Molecular Psyquiatry. La falsa creencia de que la depresión se basa en un desequilibrio químico no tiene base científica y ha sido difundida a lo largo de los años por el aparato de marketing de las empresas farmacéuticas.

Los hallazgos históricos del equipo dirigido por la doctora Joanna Moncrieff ponen en tela de juicio la dependencia cada vez mayor de la sociedad de los antidepresivos como la fluoxetina (Prozac), el citalopram (Cipramil) y la sertralina (Lustral).

Millones de pacientes toman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), diseñados para aumentar los niveles de la sustancia química que los hace "sentirse bien".

Los investigadores del University College London argumentan, sin embargo, que "no hay evidencia convincente" de que la depresión sea causada por un desequilibrio de la sustancia química.

Un académico involucrado en el estudio describió los hallazgos como "reveladores" y que "todo lo que creía saber se ha puesto patas arriba".

El estudio ha sido publicado este 20 de julio de 2022 en la revista Molecular Psychiatry, que publica trabajos destinados a dilucidar los mecanismos biológicos subyacentes a los trastornos psiquiátricos y su tratamiento. El énfasis está en los estudios en la interfaz de la investigación preclínica y clínica, incluidos los estudios a nivel celular, molecular, integrador, clínico, de imágenes y psicofarmacológico. Clasificada entre las 10 mejores revistas de psiquiatría, su objetivo es dilucidar los mecanismos biológicos que subyacen a los trastornos psiquiátricos y su tratamiento.

Con una reputación internacional por la investigación de alto impacto en psiquiatría y neurociencias, Molecular Psychiatry pone énfasis en los estudios en la interfaz de la investigación preclínica y clínica, incluidos los estudios a nivel celular, molecular, integrador, clínico, de imágenes y psicofarmacológico.

JOANNA MONCRIEFF

La autora principal del estudio es la profesora Joanna Moncrieff, psiquiatra, dijo: "La popularidad de la teoría del 'desequilibrio químico' ha coincidido con un gran aumento en el uso de antidepresivos."

Joanna Moncrieff es una psiquiatra y académica británica. Es profesora de Psiquiatría Crítica y Social en el University College London y figura destacada en la Red de Psiquiatría Crítica . Es una destacada crítica del modelo psicofarmacológico moderno de los trastornos mentales y el tratamiento farmacológico, y del papel de la industria farmacéutica. Ha escrito artículos, libros y blogs sobre el uso y el uso excesivo del tratamiento de drogas para problemas de salud mental, el mecanismo de acción de las drogas psiquiátricas, sus efectos subjetivos y psicoactivos, la historia del tratamiento de drogas y la evidencia de sus beneficios y perjuicios. También escribe sobre la historia .y la política de la psiquiatría en general. Sus libros más conocidos son El mito de la cura química y Las píldoras más amargas .

Moncrieff dice que "miles de personas sufren los efectos secundarios de los antidepresivos, incluidos los efectos graves de abstinencia que pueden ocurrir cuando las personas intentan suspenderlos, pero las tasas de prescripción siguen aumentando." 

Los pacientes deprimidos con frecuencia se ven afectados por síntomas de abstinencia paralizantes cuando intentan dejar las píldoras. 

“Creemos que esta situación se debe en parte a la falsa creencia de que la depresión se debe a un desequilibrio químico."

'Ya es hora de informar al público de que esta creencia no se basa en la ciencia'.

Agregó: "Podemos decir con seguridad que después de una gran cantidad de investigación realizada durante varias décadas, no hay evidencia convincente de que la depresión sea causada por anomalías de la serotonina, particularmente por niveles más bajos o actividad reducida de la serotonina".

“No entendemos qué le están haciendo exactamente los antidepresivos al cerebro. Dar a las personas este tipo de información errónea les impide tomar una decisión informada sobre si tomar antidepresivos o no".

Los estudios utilizados en la revisión involucraron a cientos de miles de personas de varios países.  

Descubrieron que no había  diferencia en los niveles de serotonina entre las personas diagnosticadas con depresión y las personas sanas, a pesar de que las encuestas sugerían que hasta el 95 por ciento del público creía que este era el caso.  

La reducción artificial de los niveles de serotonina en voluntarios sanos tampoco los llevó a desarrollar depresión.

Y a largo plazo, los potentes ISRS pueden tener el efecto contrario al previsto.

El coautor de la investigación, el Dr. Mark Horowitz, dijo: "Me habían enseñado que la depresión era causada por niveles bajos de serotonina en mi formación en psiquiatría e incluso se lo había enseñado a los estudiantes en mis propias conferencias". 

'Estar involucrado en esta investigación fue revelador y se siente como si todo lo que pensaba que sabía se volviera al revés'.


PINCHE AQUÍ PARA LEER EL ESTUDIO PUBLICADO EN MOLECULAR PSYCHIATRY

24.1.22

Las pastillas no curan la ansiedad y la depresión, sólo anestesian emocionalmente


No hay un solo estudio en pacientes diagnosticados de esquizofrenia que haya demostrado un exceso de dopamina ni un estudio en pacientes depresivos que haya encontrado un déficit de serotonina. La idea circula como si fuera cierta y tiene mucho que ver en ello el cuantioso gasto en marketing de la industria farmacéutica. 


Pero sigue sin estar probado que la hipótesis neuroquímica sea cierta...

Desde el éxito de marketing del mítico Prozac en los años 80 del siglo XX se ha popularizado la idea de la explicación biologicista del trastorno mental y del desequilibrio neuroquímico como causa de los diferentes cuadros clínicos que se presentan. Como los fármacos neurolépticos bloqueaban la transmisión de dopamina y los antidepresivos tricíclicos inhibían la recaptación de serotonina o noradrenalina, se formuló la hipótesis de que la esquizofrenia podía ser debida a un exceso de dopamina y la depresión a un déficit de serotonina. Y esta ha sido desde hace más de treinta años la hipótesis que explica el éxito comercial de los llamados ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina).

El problema es que esta hipótesis nunca se ha demostrado. No hay un solo estudio en pacientes diagnosticados de esquizofrenia que haya demostrado un exceso de dopamina ni un estudio en pacientes depresivos que haya encontrado un déficit de serotonina. La idea circula como si fuera cierta y tiene mucho que ver en ello el cuantioso gasto en marketing de la industria farmacéutica. 

Pero sigue sin estar probado que la hipótesis neuroquímica sea cierta...

Un ISRS puede ayudar a una persona con síntomas depresivos y ansiedad intensa no porque vaya a corregir ningún déficit de serotonina misterioso e inalcanzable a las pruebas científicas, sino porque el bloqueo en la recaptación de serotonina acaba provocando una cierta anestesia emocional que, en ese contexto, puede ser útil puntualmente para la persona. Pero los efectos secundarios no compensan tal beneficio momentáneo.

Y tal vez sea hora ya de ir dejando a un lado tal hipótesis. Reputados psiquiatras como Thomas Szas y Joanna Moncrieff han planteado hace ya mucho tiempo el cambio del modelo centrado en los fármacos, imperante en psiquiatría. Postular que la ansiedad y la depresión son solamente procesos bioquímicos es científicamente falso y humanamente peligroso.

En España y en el mundo la ansiedad y la depresión tienen que ver mucho con el desempleo, el divorcio, la pobreza, las dificultades económicas y la crisis en los valores e ideales, etc.  Y últimamente, con el terror al Covid.

¿Qué sentido tiene prescribir antidepresivos o ansiolíticos a personas aprisionadas en difíciles peripecias vitales, con problemas económicos, desahuciados, con hijos a su cargo, maltratados o viviendo un duelo? ¿De qué les sirve? ... ¿Van a mejorar mientras estén en precarias situaciones materiales? ¿Van a mejorar mientras no lleven a cabo su liberador trabajo de duelo? ¿De qué les sirve permanecer bajo anestesia emocional?

El drama es que estos diagnosticados en su mayoría no reciben ningún otro apoyo además del psicofármaco durante largos períodos. La gran mayoría (dos de cada tres) de las personas con ansiedad y depresión son diagnosticadas y tratadas en Atención Primaria. Y el "tratamiento" se basa en la prescripción de psicofármacos y psicotrópicos (más del 60% de los casos tratados), sobre todo ansiolíticos o benzodiacepinas, cuyo consumo aumenta a pasos agigantados, a pesar de que son esencialmente ineficaces y desarrollan adicción en una buena parte de los casos. Con el añadido de que los efectos secundarios son la causa de accidentes de tráfico y de caídas y roturas de cadera en personas mayores.

Esto es ampliamente conocido en todos los sistemas de salud europeos desde hace años. Y las guías de práctica clínica como la del  National Institute for Health and Care Excellence del Reino Unido (NICE, 2011) recomiendan las terapias psicológicas, de información y educación emocional, entrenamiento de habilidades sobre el manejo del estrés y las emociones, etc, como tratamiento sustitutivo del psicofármaco.

Pero en España menos de 1% de los diagnosticados con trastorno de ansiedad activo en el último año ha recibido tratamiento sin fármacos. En el caso de los diagnosticados con depresión la cifra sube al 5%, pero sigue siendo irrisoria. España es el segundo país de la OCDE en consumo de benzodiacepinas y en 2018 la tasa de consumo de tranquilizantes, antidepresivos y somníferos alcanzó las 169,7 dosis diarias por 1000 habitantes (OECD, 2021). 

Cuatro de cada diez pastillas ansiolíticas tomadas en España en 2020 eran lorazepam, uno de los fármacos más conocidos junto con el alprazolam o el diazepam. (OCDE, 2021)

Un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes señala a España como el país del mundo con mayor consumo legal de benzodiacepinas. (JIFE,ONU,2021)

El caso es que se ha creado una ola de diagnósticos de ansiedad y depresión generados por la campaña de terror que acompañó al Covid. Y se ha incrementado el número de suicidios...

También con la crisis económica de 2008 aumentaron los casos de depresión en Atención Primaria en España en un 19% entre 2006 y 2010 (Gili et al., 2014). Con la plandemia de terror del Covid ya se han duplicado los trastornos de ansiedad, la depresión, las somatizaciones y los trastornos de sueño. Y es probable que la crisis económica que trae la plandemia del Covid incremente aún más el problema a lo largo del tiempo, ya que un tercio de la población española vive ya bajo el umbral de pobreza. 

Según nuestros estándares, las personas están en riesgo de pobreza al vivir con unos ingresos inferiores al 60% de renta mediana. En España, supone tener una renta inferior a los 739 euros al mes en un hogar formado por una sola persona o 1.552 euros mensuales en un hogar formado por dos adultos y dos niños. 

Antes de la plandemia de terror del Covid, los costos de la Atención Primaria se destinaban en un 50%a los llamados "trastornos mentales comunes", es decir, a los trastornos emocionales...

¿Habrá que diagnosticar como ansiosos y depresivos y prescribirles psicofármacos mediante una entrevista telefónica a todos los que manifiesten malestares diversos de tipo de emocional por estar en situación estadística de pobreza?

La psiquiatrización de la vida cotidiana sólo beneficia a la industria farmacéutica, a ciertas universidades y centros de investigación, a un buen número de psiquiatras, psicólogos y maestros, a ciertas editoriales especializadas y a los políticos interesados en estigmatizar y anestesiar emocionalmente a cada vez más ciudadanos descontentos, enojados y pauperizados.

Los psicofármacos no sólo no ayudan a resolver el problema, sino que lo cronifican, generan una legión de discapacitados y causan sobrecoste en gasto farmacéutico. Como recoge la cuantiosa literatura clínica existente, el tratamiento con psicofármacos, tiende a la cronicidad, la comorbilidad y la discapacidad, disminuyendo la calidad de vida.

Es simplemente absurdo y criminal seguir por ese camino.