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7.12.21

´De próxima aparición



La tendencia a etiquetar un "malestar psíquico" a partir de las tribulaciones normales de la experiencia humana, la consideración de esa aflicción o turbación como patológica, como enfermedad que se debe abordar desde la psiquiatría y la farmacología, y la continua conversión de las emociones humanas en enfermedades mentales es lo que se denomina "psiquiatrización de la vida cotidiana".


La angustia por la situación económica o política, los divorcios, despidos, separaciones, muertes de seres queridos, enfermedades graves, agitación por exámenes finales y oposiciones, catástrofes, etc, siempre han existido. Los llamábamos "problemas de la vida" y las congojas que traían consigo no eran consideradas como enfermedad. 

En lo que se refiere a las "enfermedades mentales", la campaña de guerra psicológica desatada desde finales de 2019 sobre la población mundial con la excusa del Covid ha dado los resultados probablemente esperados por sus planificadores.

Desde el inicio de la plandemia de terror del Covid, el estrés por las amenazas sanitarias, las consecuencias económicas, el deterioro de la salud, la pérdida de seres queridos, apoyo social y las turbaciones emocionales se han incrementado en la población de todos los países en los que se han realizado mediciones con los instrumentos de diagnóstico estándar.

La ola de terrorismo mediático que condimentó la plandemia del Covid fue la "tormenta perfecta" que catalizó el sufrimiento y el descontrol de las personas y desató todo tipo de malestares difícilmente catalogables, diferenciables y cuantificables.

En el caso de España, la Encuesta de Salud Mental efectuada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en febrero de 2021 arrojó una catarata de síntomas físicos experimentados por la población: cansancio (51,9%), insomnio 41,9%), dolor de cabeza (38,7%), de espalda (37,9%), de articulaciones (33,1%) y palpitaciones (22,7%).

Las expresiones emocionales manifestadas con frecuencia fueron: desesperanza con respecto al futuro (24,9%), alta preocupación por muchas cosas sin poder controlarla (24,5%), inquietud (22,1%), agobio y estrés (21,8%), mucha tristeza o depresión (19,8%), soledad (17,2%), mucha ansiedad o miedo (15,7%), irritabilidad, ira, enfado o agresividad (13,8%).

Un 15,8% de la población (9,4% hombres y 22% mujeres) informó haber sufrido "ataques de pánico", dentro del concepto corriente entre la población. Y se etiquetó como Trastorno de Pánico, según la receta al uso, en el 11,3% de las personas que expresaron su preocupación por las consecuencias en su salud que traerían esos "ataques de pánico".

6.9.06

Cómo hacemos "realidad" nuestros miedos




Las neurociencias no hacen más que confirmar día tras día los hallazgos que la Programación Neurolingüística hizo durante las investigaciones y desarrollos téoricos y prácticos de la primera generación de la PNL.

Leemos estos días que un grupo de investigadores norteamericanos, de la prestigiosa Universidad de Wisconsin-Madison ha descubierto que

  • “cuando creemos inminente una situación que nos desagrada, nuestro cerebro 'enciende' dos regiones que nos obligan a 'revivir' aquella circunstancia, aunque en realidad no esté sucediendo. El cerebro se anticipa y nuestros miedos se hacen 'realidad'. Ésta es la base de trastornos como el estrés postraumático o la ansiedad social”.
"El trabajo muestra lo poderoso que puede ser temer que algo suceda. Esto puede llegar a generar recuerdos que no deberían existir", explica el autor principal, Jack B. Nitschke, catedrático de psiquiatría y psicología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

Los científicos han observado a través de imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional que la amígdala (parte del encéfalo encargada de recibir las señales de peligro potencial y que ayudan al organismo a prepararse para protegerse) y el hipocampo (parte relacionada con la memoria y el aprendizaje) se activan cuando una persona está anticipándose a una situación que teme. De esta forma, la persona siente la situación desagradable que teme sin que haya ocurrido.

De tal manera que el sólo pensar en la situación, con todas o parte de sus características (submodalidades), activa los centros cerebrales encargados de manejar las emociones, desata las respuestas bioquímicas con neurotransmisores y reproduce en el cuerpo las reacciones somáticas como si la situación estuviera realmente sucediendo.

Este concepto le sirvió a la PNL para desarrollar todo un conjunto de técnicas muy eficaces y muy rápidas para resolver problemas de ansiedad, por ejemplo. Las técnicas de redecoración, los llamados encuadres como si, la técnica de cambio de estado, y un sin fin más de técnicas de la PNL están basadas desde hace 30 años en este mecanismo confirmado ahora por los investigadores norteamericanos.

Todo esto demuestra también hasta qué punto una buena parte de las enfermedades que azotan al mundo desarrollado (ansiedad y depresión) tienen un fuerte ingrediente de “comedura de coco”.